Voces de Chernóbil. Crónica del futuro - Svetlana Alexievich

SINOPSIS
NOTA HISTÓRICA
Citas de diferentes fuentes (gacetas, revistas, enciclopedias…), se habla del accidente, la catástrofe, la contaminación, cifras de mortandad, salubridad, enfermedad, natalidad, el Sarcófago, el juicio, el Arca.
UNA SOLITARIA VOZ HUMANA
Se plasma el relato de LIUDMILA IGNATENKO, esposa del bombero fallecido Vasili Ignatenko, y su historia de amor además del horror. La noche de la explosión, la partida del esposo, el traslado engañoso a un hospital/clínica especial de radiología en Moscú, el padecimiento de la contaminación radiactiva, las cámaras hiperbáricas, la muerte, el funeral y sepultura especial, algunos sueños, nace la hija y también muere, cuatro horas después, la sepultan junto al padre, en su tumba, los reacomodan en Kiev en la llamada “calle de Chernóbil”, Liudmila tiene otro hijo, Andréi, normal, guapo, inteligente, pero también enfermo.
ENTREVISTA DE LA AUTORA CONSIGO MISMA SOBRE LA HISTORIA OMITIDA Y SOBRE POR QUÉ CHERNÓBIL PONE EN TELA DE JUICIO NUESTRA VISIÓN DEL MUNDO
Habla de los aspectos bélicos que tiene, del cambio histórico y de percepción de la realidad; de los animales, del cambio en las percepciones de espacio y tiempo.
Si antes, cuando escribía mis libros, me fijaba en los sufrimientos de los demás, a partir de entonces mi vida y yo se convirtieron en parte del suceso. Se fundieron en una sola cosa y no había manera de mantener una distancia.
en el archivo omnisciente (al menos así nos lo parecía) de la humanidad no se han hallado las claves para abrir esta puerta.
abajo se esperaba recibir información y se pasaba miedo, se vivía a base de rumores, pero todos guardaban silencio sobre lo principal: ¿qué es lo que realmente había sucedido? No se hallaban palabras para unos sentimientos nuevos y no se encontraban los sentimientos adecuados para las nuevas palabras;
Estábamos ante el efecto de la conmoción.
El mundo tridimensional se abrió y dejé de encontrarme con valentones que se atrevieran a jurar sobre la Biblia del materialismo.
Hoy en día, los bielorrusos, como si se trataran de «cajas negras» vivas, anotan una información destinada al futuro. Para todos.
En Chernóbil se diría que están presentes todos los rasgos de la guerra: muchos soldados, evacuación, hogares abandonados…
Y esta circunstancia dificulta la comprensión de que nos hallamos ante una nueva historia. Ha empezado la historia de las catástrofes…
Estos hombres tenían una idea completamente distinta de la muerte, y esta idea se extendía a todo
hombres que vivían a la luz del candil, segaban con la guadaña y la hoz, cortaban leña con el hacha y se dirigían en sus oraciones a los animales y los espíritus. A Dios. Todos, como doscientos años atrás, mientras arriba surcaban el cielo las naves espaciales.
Yo comprendí que de manera completamente consciente aquellos hombres convertían sus sufrimientos en un nuevo conocimiento. Nos lo regalaban diciéndonos: habrán de hacer alguna cosa con este conocimiento y emplearlo de algún modo.
y morían en silencio, que es algo aún más pavoroso.
El pasado se ha visto impotente ante Chernóbil; lo único que se ha salvado de nuestro saber es la sabiduría de que no sabemos. Se está produciendo una perestroika, una reestructuración de los sentimientos.
En más de una ocasión me ha parecido estar anotando el futuro.
PRIMERA PARTE. LA TIERRA DE LOS MUERTOS
MONÓLOGO ACERCA DE PARA QUÉ RECUERDA LA GENTE
De para qué recordar, de querer olvidar los horrores de la guerra, de que el pasado ya no es un refugio seguro, que Chernóbil ha cambiado el panorama, el pasado ya no protege y el futuro destruye.
Para mí son recuerdos hasta tal punto vedados que no hablo de ellos en voz alta.
Por alguna razón, todo eso me parecía la misma cosa, lo mismo. El nacimiento y la muerte.
Recuerdo desde la infancia cómo huele la casa cuando se sacrifica un cerdo. Y, en cuanto usted me toque, empezaré a caer, a hundirme allí. Hacia la pesadilla. Hacia el horror. Vuelo hacia allí.
El pasado ya no me protege. No me tranquiliza. Ya no hay respuestas en el pasado. Antes siempre las había, pero hoy no las hay. A mí me destruye el futuro, no el pasado.
MONÓLOGO ACERCA DE SOBRE QUÉ SE PUEDE CONVERSAR CON UN VIVO… Y CON UN MUERTO
Describe cotidianidad, historias y anécdotas de ZINAÍDA YEVDOKÍMOVNA KOVALENKA que es residente en la zona prohibida.
Me he pasado toda la vida trabajando duro, como una persona honrada. He vivido con la conciencia en paz. Pero no me ha tocado lo que es justo.
Morirse no es difícil, solo da miedo.
Y un día oigo que los soldados habían evacuado toda una aldea, pero un viejo y su mujer se quedaron. El día antes de que sacaran a la gente y los condujeran a los autobuses como si fueran ganado, ellos agarraron a la vaca y se fueron para el bosque. Y allí esperaron a que pasara todo. Como durante la guerra. Cuando las tropas de castigo quemaron la aldea.
¡Yo no espanto a nadie!
Por la noche me duele todo. Se me doblan las piernas, noto como un hormigueo, son los nervios que corren por dentro. Entonces, agarro lo que encuentro a mano. Un puñado de grano. Y jrup, jrup. Y los nervios se me calman.
Pero siempre me ha bastado con lo que tenía y no quiero nada más. Al menos, si me muero, descansaré. Lo del alma no sé, pero el cuerpo se quedará tranquilo.
Dios no me ha librado de daños, pero me ha dado años. Yo sé qué carga es una persona vieja; los hijos te aguantan, te aguantan y, al final, acaban por herirte. Los hijos te dan alegrías mientras son chicos.
Mi marido solía decir que el hombre dispara y Dios es quien lleva las balas. ¡A cada uno su suerte!
Todos andaban famélicos, hasta que se murieron; los gatos también pasaban tanta hambre que se comían a sus crías; durante el verano, no, pero sí con la llegada del invierno.
Las viejas incluso en verano tienen frío.
En fin, que me había quedado como quien dice más sola que la una.
Dicen que los gatos no entienden a los humanos. ¿Y, entonces…, cómo es entonces que este me entendió?
La consumió el tifus durante la guerra…
Y hasta puedo hablar con ellos, tanto con los vivos como con los muertos. Para mí no hay diferencia. Los oigo tanto a unos como a los otros.
En un tiempo vivimos contentos. Durante las fiestas cantábamos y bailábamos. Con el acordeón. Y ahora esto parece una prisión.
MONÓLOGO ACERCA DE TODA UNA VIDA ESCRITA EN LAS PUERTAS
El testimonio de NIKOLÁI FÓMICH KALUGUIN; habla de su esposa e hija, la hija fallece, de la puerta de la casa que era un talismán y reliquia familiar.
De modo que vas haciendo tu vida. Soy una persona corriente. Poca cosa. Igual que los que te rodean; vas a tu trabajo y vuelves a casa. Recibes un sueldo medio. Viajas una vez al año de vacaciones. Tienes mujer. Hijos. ¡Una persona normal!
En algo que le interesa a todo el mundo y de lo que no se sabe nada. Quieres ser como los demás, pero ya es imposible.
Mi hija se puso a llorar, y del miedo a quedarse sin su querido gato empezó a tartamudear.
No sé según qué costumbre, no en todas partes lo hacen, pero entre nosotros, como me dijo mi madre, hay que acostar al difunto sobre la puerta de su casa. Lo velan sobre ella, hasta que traen el ataúd.
Y el tipo me señaló a la cabeza, como diciendo tú estás mal de la chaveta.
La acostaba y ella me susurraba al oído: «Papá, quiero vivir, aún soy muy pequeña». Y yo que pensaba que no entendía nada.
La ciencia, nos dicen, no lo ha demostrado, no tenemos bancos de datos.
MONÓLOGO DE UNA ALDEA ACERCA DE CÓMO SE CONVOCA A LAS ALMAS DEL CIELO PARA LLORAR Y COMER CON ELLAS
Breves testimonios de diversos habitantes de los pueblos contaminados, lo que han hecho o donde están sus familias, las visitas, rutinas y costumbres que tienen.
Sucede que a veces te pica la palma de la mano, y alguien te da los buenos días.
Solo un ruiseñor se ha pasado toda la noche trinando: señal de día soleado. ¡Huy! Nuestras mujeres acudirán al momento.
—Todo lo hemos vivido y padecido.
—¡Oh, no quiero recordar! ¡Miedo me da!
—Nadie sabe qué hay en el otro mundo. Aquí se está mejor. Lo conocemos más. Como solía decir mi madre: te plantas, te diviertes y haces lo que quieres.
En cambio allí, en el nuevo lugar, ¿quién soy? Un viejo inútil. De modo que aquí me moriré. Las mujeres me traerán agua, me calentarán la casa. He tenido piedad con la gente. Las mujeres regresaban por la tarde del campo, cantando; yo, sin embargo, sabía que no iban a recibir nada. Solo una marca más por la jornada trabajada. Y en cambio, cantaban.
Que espero la muerte, la aguardo.
Hasta los pájaros prefieren sus nidos.
—Durante el día vivíamos en el lugar nuevo, pero por la noche en casa. En sueños.
Cuando una persona fallece, no se puede llorar. Le dañarás la muerte; le costará mucho esfuerzo morirse.
Recé para reunirme con ellos. De algunos, Dios se apiada, pero a mí aún no me ha dado muerte. Sigo viva.
—Pues a mí no me da miedo morirme. Nadie vive dos veces. ¿No caen las hojas? ¿O los árboles?
Si no nos hubiéramos reído, si no nos hubiéramos divertido, hace tiempo que nos habríamos colgado de una soga.
—En casa estás como en el cielo. Pero, en otras tierras, hasta el sol brilla de otra manera.
—Pues mi madre me enseñó que hay que tomar el icono y darle la vuelta para que esté así tres días seguidos. Entonces, estés donde estés, seguro que regresas a casa.
Los hombres, borrachos. Se tiraban bajo las ruedas.
—Lo único que pido es que no haya guerra. ¡Le tengo un miedo!
Durante la semana trabajaba en el tractor, esperando a que llegara el domingo, y el domingo se metía en la cama de cara a la pared y a llorar.
Y nadie que te mande. Aquí no hay nada que moleste al hombre. Ni jefes, ni nada. Somos libres.
De modo que por la noche… Por los senderos del bosque… Por los viejos caminos de los guerrilleros…
Todo anunciaba algo bueno, venturoso. Se ve que estaba escrito que había de volver.
—Por la noche rogamos a Dios, y durante el día a los milicianos.
—Todo lo hemos vivido, lo hemos padecido todo.
Yo estoy aquí sola. Y si me da la tristeza, me pongo a ver las fotografías. Hablo con ellas. Charlo. Conmigo misma. Y sigo sola.
Y el hombre se alegrará de ver la huella de otro hombre. No a otro hombre, sino su huella.
https://dle.rae.es/quinqué m. Lámpara de mesa alimentada con petróleo y provista de un tubo de cristal que resguarda la llama. Sin.: lámpara, candil, candileja, aparato.
«¿Sufres? —le decía a mi madre—. No sufras. Quien ha dado su vida por el prójimo es un hombre santo».
Yo lo puedo dar todo por mi patria. Lo único que no puedo es matar. Soy maestra y he enseñado a amar a los hombres. El bien siempre triunfa. Los niños son pequeños, de alma pura.
No nos enteramos de ninguna noticia, en cambio vivimos más tranquilos. Sin disgustos.
Y el padre reza una oración: «Hermanos y hermanas. ¡Tened resignación!».
—Solo dejo de llorar de noche. Por la noche no se puede llorar a los difuntos. En cuanto se pone el sol, dejo de llorar. Protege sus almas, Dios santo. ¡Que de ellos sea el reino de los cielos!
Así vive, de lo que le den.
Gente extraña. De rostro serio, no hay bondad en sus ojos.
—En primavera corría por aquí una zorra con la rabia; cuando cogen la rabia, se vuelven cariñosas, dulces. Pero el agua, ni verla. Pones en la calle un balde con agua y no temas. Que ya se irá.
No tenemos ni televisor, ni electricidad. Te queda solo mirar por la ventana. Y rezar, claro.
—Esto es el comunismo. Todos hermanos y hermanas.
—Las autoridades vienen, gritan un rato, pero nosotros como quien no oye ni ve. Todo lo hemos sufrido, soportado.
—Como no tengo a ninguno de los míos por quien llorar, rezo por todos. Por los de los demás. Voy a las tumbas y hablo con ellas.
Puede que Dios no exista, que sea otro; pero allí arriba, en lo alto, hay alguien. De manera que sigo viva.
—Durante el invierno, el abuelo colgó en el patio un ternero despedazado. Justo entonces trajeron a unos extranjeros: «Abuelo, ¿qué haces?». «Echo afuera la radiación».
Que le tiran a Dios de las barbas y que el Señor se ríe de ellos. ¡Y nosotros a sufrir las consecuencias!
—Una casa no puede estar sin habitar. Hasta las fieras necesitan del hombre. Todos buscan al hombre. Hoy ha venido una cigüeña. Y el escarabajo sale de su rincón. Y todo me llena de alegría.
Dios mío, protege sus almas. ¡Que de ellos sea el reino de los cielos! Y allí donde los entierran, allí mismo los lloran.
—El padre dice y nos promete que somos inmortales. De modo que rezamos. Señor, danos fuerzas para sobrellevar las fatigas de nuestra vida.
MONÓLOGO ACERCA DE LAS LOMBRICES, EL MANJAR DE LAS GALLINAS Y DE QUE LO QUE HIERVE EN LA OLLA TAMPOCO ES ETERNO
Testimonio de ANNA PETROVNA BADÁYEVA, residente en la zona contaminada; habla de la reacción y comportamiento de los animales e insectos, de cómo captan/sienten la radiación, de la alimentación y el agua.
—Esa es la primera señal: donde no se ven ni escarabajos ni lombrices, es que allí es alta la radiación.
Cuentan que las ranas y las moscas se quedarán, pero los hombres, no. La vida se quedará sin los hombres.
Aunque si no tiene color, es como Dios: Dios está en todas partes y nadie lo ve.
La radio y los periódicos aún no decían nada, y en cambio las abejas ya lo sabían.
Cuando alguien muere, ¡sientes una tristeza! Y no encuentras consuelo.
Todos sueñan con una muerte llevadera. Pero ¿cómo merecerla?
Solo el alma vive, hija mía.
Del hambre, se nos hinchaba el cuerpo, pero no nos moríamos.
Pero medirte con Dios es inútil. Hay que vivir.
MONÓLOGO ACERCA DE UNA CANCIÓN SIN PALABRAS
MARIA VOLCHOK, vecina, pide por y describe a Anna Sushkó, persona con discapacidades que habitaba la ciudad.
A la gente sola y enferma la ingresaban en asilos. La escondían.
Toda la aldea le tenía lástima. La cuidábamos como si fuera una criatura.
Cuando le duele algo, tararea una canción: «ta-ra-rá»… Así se queja.
TRES MONÓLOGOS ACERCA DE UN TERROR ANTIGUO Y DE POR QUÉ UN HOMBRE CALLABA MIENTRAS HABLABAN LAS MUJERES
Familiares que se trasladan de Tayikistán donde hay guerra (civil) a Chernóbil a causa de la guerra; habla la hija, la madre y otra señora.
Gente corriente, solo que con metralletas.
El abuelo recordaba aquella guerra; él llegó hasta Alemania. Hasta Berlín. Ahora, el vecino dispara contra el vecino;
Nuestros maridos callan. Los hombres callan. Y no le dirán nada.
El corazón casi se me escapa del pecho… No debo recordar aquello…
https://dle.rae.es/eccema Tb. eczema. m. Afección cutánea caracterizada por vesículas rojizas y exudativas, que dan lugar a costras y escamas. Sin.: sarpullido, erupción, descamación.
Y me entró una apatía hacia todo que… Ni quería levantarme de la cama.
Espere… Quiero que sepa una cosa… Yo no temo a Dios. A mí lo que me da miedo son los hombres.
Rusia nunca ha protegido a los suyos, porque es un país grande, infinito. Si he de serle sincera, yo no siento que mi patria sea Rusia; nos hemos educado de otro modo: nuestra patria era la Unión Soviética.
Y luego, miran y ven que la gente anda por la calle, ríe y fuma.
Allí no compras ni el pan… Allí hay guerra. Es algo que no se puede explicar a una persona que no ha visto hoy lo que es una guerra. Que la ha visto solo en el cine.
Aquí hay poca gente. Las casas están vacías. Vivimos junto al bosque. Tengo miedo cuando hay mucha gente. Como en la estación. Durante la guerra.
Lo cierto es que, en aquel instante, no sé cómo, pero me sentí con fuerzas suficientes para quitárselo todo.
—Creí que perdía la chaveta—.
Allí solo reina un poder: el del hombre armado.
En el bosque no hay gente, ni un ser vivo. Voy paseando y me pregunto: ¿Será cierto o no lo que me ha sucedido?
Allí, en el mercado, por cien dólares te puedes comprar una ametralladora.
Por la manera de correr, de respirar, enseguida comprendí que quería matarlo. Pero el otro se escabulló. Huyó.
El muchacho hasta sintió vergüenza:
Miraron: Qué hacer, de Chernishevki, Tierras roturadas, de Shólojov, y se nos rieron en la cara.
Hubo una vida… Otra vida. Se me consideraba una persona importante; hasta tengo un grado militar: teniente coronel de las tropas de ferrocarriles. Aquí he estado, parada, hasta que encontré un trabajo de mujer de la limpieza en el ayuntamiento. Friego suelos.
Una vida ha quedado atrás. Y para otra ya no me quedan fuerzas.
En todas partes, la gente se ha acostumbrado a ver personas muertas…
junto a ella se sentaban sus cinco hijos y el gato Metelitsa, que se trajeron consigo
Agarramos las cosas, el gato nos siguió los pasos hasta la estación, de modo que nos lo llevamos también.
Míreme, con cuarenta años y con el pelo completamente blanco.
A quien temo es a los hombres. A la gente armada.
MONÓLOGO ACERCA DE QUE EL HOMBRE SOLO SE ESMERA EN LA MALDAD Y DE QUÉ SENCILLO Y ABIERTO ESTÁ A LAS PALABRAS SIMPLES DEL AMOR
Testimonio de Nikolai; hombre que piensa en la muerte que se ha vuelto creyente en Dios.
Mi propia vida la he olvidado. No me pregunte por ella. Lo que he leído en los libros lo recuerdo, también lo que me ha contado otra gente; pero mi vida la he olvidado. Era muy joven. Y llevo un gran pecado… No hay pecado que el Señor no llegue a perdonar si es sincero el arrepentimiento que uno muestra.
Así son las cosas. La gente es injusta, solo el Señor es infinitamente paciente y caritativo.
El hombre no puede ser feliz. No debe serlo. Vio el Señor que Adán estaba solo y le dio a Eva. Para que fuera feliz y no para que pecara.
Me paro a pensar y no logro comprender dónde he estado antes. ¿Dónde está mi vida?
Y me da igual: puedo vivir y puedo no vivir. La vida del hombre es como la hierba, que crece, se seca y se arroja al fuego.
Me ha entrado el gusto de pensar. Aquí puedes morir igual de una fiera que por culpa del frío. Y de tus pensamientos. En decenas de kilómetros no hay ni un alma.
Los demonios se expulsan con el ayuno y la oración. El ayuno es para la carne y la oración para el alma. Pero nunca estoy solo, el creyente nunca puede estar solo. Así son las cosas. Voy de aldea en aldea.
«Dios, sin duda, ha creado el mundo, o sea que el mundo en modo alguno puede no salir bien», y es necesario «soportar con valor y hasta el final la historia».
«El mal no es en esencia una sustancia, sino la ausencia del bien; del mismo modo que las tinieblas no son más que la ausencia de luz».
No hace mucho me encontré un librito de Pushkin… «La idea de la muerte, mi alma acaricia».
Aquí estoy solo. Pensando en la muerte.
Me he aficionado a pensar. El silencio ayuda a prepararte. El hombre vive entre la muerte, pero no comprende qué es.
Mi personaje preferido, el príncipe Mishkin, decía: «¿Acaso puede alguien ver un árbol y no ser feliz?». Pues eso… Me gusta pensar. En cambio, el hombre acostumbra más a quejarse, pero no piensa.
¿Para qué observar el mal? Que te solivianta, está claro… El pecado tampoco es algo físico. Es necesario reconocer lo no existente.
Solo el hombre se yergue sobre el suelo y alza manos y cabeza hacia el cielo. Hacia la oración. Hacia Dios.
Mis oraciones son sencillas. Rezo en silencio.
Hasta en los filósofos la palabra es algo aproximado respecto a la idea que han captado. La palabra solo responde de modo absoluto a lo que llevamos en el alma en la oración, en la idea hecha plegaria. Es algo que noto físicamente. Señor, llévame a tu lado. ¡Escúchame!
De manera que escriba usted: Nikolái, siervo de Dios. Ahora ya un hombre libre.
CORO DE SOLDADOS
Diferentes testimonios de los soldados, brigadistas, bomberos, y personal de rescate llevados/reclutados/convocados para hacer diferentes labores/trabajos en los alrededores/inmediaciones del reactor y la catástrofe. Limpiar la ciudad, barrer el techo del reactor, enterrar, sobrevolar, cosecha y comida, labores de dosimetria, científicos y médicos, visitan las aldeas.
Yo experimentaba otros sentimientos. Completamente al revés. Quería hacer algo heroico. Poner a prueba mi carácter.
Nos sentíamos alarmados y, por alguna razón, alegres.
Los robots no lo aguantaban; las máquinas se volvían locas. Nosotros, en cambio, trabajábamos.
Pero trabajábamos bien. Y nos sentíamos muy orgullosos de ello.
Yo no llegaba a comprender qué les pasaba, hasta que nos ordenaron que disparáramos contra ellos.
«Querido buen hombre de paso: no busques objetos de valor. No los hay ni los hemos tenido. Haz uso de todo, pero no lo destroces. Regresaremos».
«No maltrates al gato. Las ratas se lo comerán todo».
Lo he olvidado todo. Solo recuerdo que estuve allí, pero no me acuerdo de nada más. Lo he olvidado todo. A los tres años de haberme licenciado, no sé qué me pasó con la memoria. Ni los médicos se lo explicaban. No puedo contar el dinero, pierdo la cuenta. Voy de un hospital a otro.
Lo bueno es que todo había crecido como nunca, de manera asombrosa. ¡Qué hermosura alrededor! El otoño dorado.
Todos tenían caras de locos. Ellos y nosotros.
Pero ¿quiénes éramos en realidad? ¿Qué hacíamos? Me gustaría saberlo. Leerlo en alguna parte. Y eso que yo mismo estuve allí.
Yo soy hombre de armas; a mí me dan una orden y yo la cumplo. He prestado juramento. Pero esto no es todo. También hubo actos heroicos. Se nos educaba con ese fin. Y se animaba a ello ya desde la escuela. También los padres. Intervenían a propósito consejeros políticos. La radio, la televisión.
Antes de viajar allí me invadió el miedo. Por poco tiempo. Pero allí el miedo se esfumaba. Si hubiera podido ver ese miedo…
Realizábamos filmaciones de rayos infrarrojos: se decía que así se detectaban los trozos del grafito diseminado. Durante el día no se los podía ver.
«Podría hasta lamer este helicóptero suyo y no me pasaría nada».
A todos se nos pusieron las caras rojas, quemadas, no podíamos afeitarnos.
Pero creo que entenderemos algo de todo esto dentro de unos veinte o treinta años.
Lanzábamos maldiciones, pero nos los comíamos. Era otoño. Los arbustos de grosella estaban a reventar; las ramas de los manzanos se doblaban hasta el suelo.
Durante los primeros días no me encontré con nadie que se mostrara indiferente; eso fue luego, cuando apareció el vacío en los ojos, cuando la gente se empezó a acostumbrar.
Lo que funcionaba era la pasión por el riesgo. Allí van los hombres de verdad, a hacer algo de verdad.
Al cabo de dos años, el diagnóstico fue tumor en el cerebro…
Y, en eso, que nos dan la orden de arrancar el suelo a la altura de la bayoneta. De talar los árboles.
Al regresar del «Afgán» sabía que había sobrevivido. Pero en Chernóbil era del todo al revés: eso te mataría justo cuando ya hubieras regresado a casa.
He regresado. Pero resulta que todo acaba justo de comenzar.
Por un lado, te resultaba incómodo negarte, pero, por otro, comer cesio puro tampoco daba mucha alegría.
Estoy sentado en la cabina y me creo que el hierro y el cristal me protegen.
Era el mejor medio para restablecer las defensas del organismo después de recibir una radiación.
Pero sobre que una orden así nadie la puede dar, sobre esto nadie escribe nada.
Les dábamos pena y lloraban.
No tendremos asfalto irrompible ni céspedes cuidados. ¡Pero héroes siempre los habrá!
Economía de trueque: ellos te daban una botella de samogón y tú les dejabas llevarse un cochecito de niño. Vendían y cambiaban tractores, sembradoras. Una botella… diez botellas… El dinero no lo quería nadie. [Se ríe.] Como en el comunismo.
Tras los alambres de espino, solo quedó la tierra. Y las tumbas. Nuestro pasado. Nuestro gran país.
Me marcharía. Y seguramente lo haré. Pero, me da pena por los padres.
Levantamos la lona: veinte juegos de té, lo recuerdo como si fuera hoy, muebles, televisores, alfombras, bicicletas…
https://dle.rae.es/dacha f. Casa de campo rusa.
Por las aldeas vacías corrían cerdos asilvestrados. Y los perros y los gatos esperaban a la gente junto a las puertas. Vigilaban las casas vacías.
Mi mujer cogió el niño y se marchó. ¡La muy perra!
Ni mil roentgen han de lograr un miembro ruso arrugar.
Y esta era toda la información médica. ¡Ni siquiera al partir nos dijeron cuánto! ¡Los muy perros!
La vida es maravillosa, pero, joder, qué corta.
¿O tal vez fueron destruidos para que nadie sepa la verdad? Nosotros somos los testigos. Pero pronto moriremos.
«Dios mío, si has hecho que no pueda hacerlo, haz entonces que no quiera».
Y respirábamos aquel polvo.
A menudo nos los arrancábamos. Era imposible respirar con ellos, sobre todo cuando hacía calor. Bajo el sol.
«Para de estar enfermo, porque te voy a echar».
Estoy solo.
Ya no temo a la muerte. A mi propia muerte. Pero no tengo claro cómo voy a morir.
Si pudiera elegir mi muerte, pediría que fuera común y corriente. No como las de Chernóbil.
¡Mejor hubiera sido morir en el «Afgán»! Lo digo sinceramente; a veces me vienen esas ideas. Allí, la muerte era algo normal. Y comprensible.
Pero decían que se les quemaban todas las entrañas por la alta radiación. En cambio, los soldaditos, corriendo con sus trajes y sus guantes de goma, estos funcionaban.
No supe encontrar las palabras.
SEGUNDA PARTE. LA CORONA DE LA CREACIÓN
MONÓLOGO ACERCA DE VIEJAS PROFECÍAS
LARISA Z., madre da su testimonio acerca de la aplasia de su hija de cuatro años.
No juega a las «compras», ni a la «escuela», sino que juega con sus muñecas al «hospital», les pone inyecciones, les coloca el termómetro, les prescribe un gota a gota; la muñeca se le muere y ella la cubre con una sábana blanca.
¿Dónde hay en el mundo otro niño al cual cada media hora se le ha de expulsar la orina con las manos? ¿Y cuánto tiempo se puede resistir algo así? [Llora.]
Había algo que no podían comprender. No querían entender. Yo tenía que saber que mi marido y yo no teníamos la culpa. Que no era por nuestro amor. [Se da la vuelta hacia la ventana y llora en silencio.]
MONÓLOGO ACERCA DEL PAISAJE LUNAR
YEVGUENI ALEXÁNDROVICH BROVKIN, profesor de la Universidad Estatal de Gómel, cuenta que escribe un relato sobre Chernóbil que es rechazado.
Quien pudo se consiguió pastillas de yoduro sódico (en las farmacias de nuestra ciudad no estaban a la venta, era imposible conseguirlas si no era bajo mano y por una fortuna).
Por un lado, la escondían; por otro, no todos comprendían.
Un día, un taxista me comentaba perplejo: ¿Por qué los pájaros caían como ciegos contra el cristal delantero? ¿O es que se habían vuelto locos? Aquello era lo más parecido a un suicidio. Acabado su turno de trabajo, para olvidarse de aquello, se fue de copas con sus compañeros.
A ambos lados de la carretera, hasta tocar el horizonte, se extendían los campos cubiertos de dolomita blanca.
El acontecimiento aún se encuentra al margen de la cultura. Es un trauma de la cultura. Y nuestra única respuesta es el silencio. Cerramos los ojos como niños pequeños y creemos habernos escondido y que el horror no nos encontrará. Hay algo que se asoma del futuro, pero es algo que no sintoniza con nuestros sentimientos. Ni con nuestra capacidad de experimentar.
MONÓLOGO DE UN TESTIGO AL QUE LE DOLÍA UNA MUELA CUANDO VIO A CRISTO CAER Y GRITAR DE DOLOR
ARKADI FILIN, liquidador; cuenta que enterraban la tierra, y de los pueblos de los insectos.
Cuando me subí al coche, no sé por qué me acordé de los cosmonautas estadounidenses que volaron a la Luna; uno de ellos después se hizo sacerdote y otro, según dicen, se volvió loco, ¿no? Había leído que les pareció que allí había restos de ciudades, alguna huella humana.
Más seguras que un samovar.
Si he de serle sincero, yo no vi héroes allí. Locos sí que vi, gente a la que le importaba un rábano su vida. Temeridad, toda la que usted quiera, y sin que hiciera ninguna falta.
Yo también tengo diplomas y cartas de agradecimiento. Pero eso era porque yo no tenía miedo a morir. ¡Me importaba un comino! Hasta era una salida. Me hubieran enterrado con todos los honores. Y a cuenta del Estado.
Yo, por cierto, soy profesor de historia.
Más de una vez me ha pasado por la cabeza la idea de que llegaría un día en que se abriría la caza del científico, como en la Edad Media con los médicos, a los que se daba caza y se ahogaba. Y se quemaban en las hogueras.
No sé en qué poeta he leído que los animales son otros pueblos.
Leonid Andréyev, un autor que me gusta mucho, tiene una leyenda sobre Lázaro. Se trata de un hombre que ha franqueado el límite de lo prohibido. Es ya un ser extraño, ya nunca más será igual al resto de los hombres, aunque Cristo lo hubiera resucitado.
Porque uno no puede vivir todo el tiempo con el miedo en el cuerpo; el hombre no puede; pasa cierto tiempo y empieza una vida normal y corriente. Normal… Y corriente.
En fin, el caos ruso de siempre. Así vivimos.
Aún andaban cogidos de la mano. Algo insoportable de ver.
Para nosotros la victoria no es un acontecimiento, sino un proceso. La vida es lucha.
Pero yo también soy así. Ni una gota mejor que los demás.
Pero estaban llenos de sentimientos. Lo primero: el sentimiento del deber; y lo segundo: el amor a la patria.
Con todos esos diferentes pueblos. Con todo ese mundo. Mi impresión más fuerte de allí… son esos seres.
Los hombres nunca están a la altura de los grandes acontecimientos. Siempre les superan los hechos.
TRES MONÓLOGOS ACERCA DE LOS «DESPOJOS ANDANTES». Y LA «TIERRA HABLANTE»
Hablan los miembros de la Sociedad Recreativa de Cazadores y Pescadores.
Para que el asunto… Me refiero a «lo nuestro», a la cosa de los hombres… Para que no sufriera daños. No sabe la cantidad de coplas que hubo. ¿No se acuerda? Montones. «Es tan coche el Zaporózhets [25], como macho el kieviano… Primero ponte plomo en los huevos y serás padre luego». Ja, ja, ja…
Los animales no podían entender por qué les disparábamos. Resultaba fácil matarlos. Eran animales domésticos. No temían ni a las armas ni al hombre. Acudían a la voz humana.
Los gatos se te quedaban mirando a los ojos; los perros aullaban, trataban de meterse en los autobuses.
—De manera que así es la cosa. Los japoneses, ya ve, tuvieron su Hiroshima, y ahora mírelos, están delante de todos. En el primer lugar del mundo. O sea que…
y los perros, en cuanto oían el primer tiro, salían corriendo. Huían al bosque. Los gatos son más listos, y les resulta más fácil esconderse.
Y en cuanto desaparecieron las gallinas, los perros se comieron a los gatos.
Los abríamos y se los dábamos a los cerdos. A los cerdos no los matábamos.
No los quería entregar. Nos cubrió de maldiciones.
Como en el cuento. Sin una gota de miedo.
Por las noches quemaban viejos tocones. Los lobos tienen miedo del fuego.
Olía a yodo. A algún ácido. Y eso que dicen que la radiación no huele. No lo sé…
De modo que la perra, tirada en medio del cuarto y los cachorros a su vera, se me lanzó encima y la tumbé de un tiro. Los cachorros te lamían las manos, pedían caricias, tonteaban.
Los animales, si no estaban muertos del todo, sino solo malheridos, chillaban. Lloraban.
—Es mejor tirar de lejos, para no verles los ojos.
—Más vale apuntar bien, para no tener que rematarlos luego.
Son «despojos andantes».
Un gamo herido, por ejemplo… Lo ves tumbado… y te pide piedad con los ojos, y tú, en cambio, lo rematas. En los últimos instantes ves que tiene una mirada que entiende, unos ojos casi humanos. Te odia. O te implora: ¡Yo también quiero vivir! ¡Quiero vivir!
—La caza y la guerra son la principal ocupación del hombre. Desde el principio de los tiempos.
Quería filmar sin falta un jabalí de tres cabezas.
Como decían: «¡Átomos para la paz: calor en cada hogar!».
«Voy a morir como un perro», pensé entonces. Y le diré, te desangras igual que ellos. Igual. Y duele.
Pues ya ve, se le fue la azotea.
Medio mundo asusta al otro medio.
Si le dan una orden de arriba, ¿qué se supone que debe usted hacer? Una sola cosa, cumplirla.
MONÓLOGO ACERCA DE QUE NO SABEMOS VIVIR SIN CHÉJOV NI TOLSTÓI
KATIA P., relata cómo fueron evacuados, su madre daba clases en la escuela de lengua y literatura rusa.
¡Quiero amar! ¡Amo! ¡Rezo por mi amor!
¿Recordar? Puede que lo que haga falta es apartar de uno los recuerdos. Alejarlos. Yo no he leído libros así. Ni he visto películas.
Por ejemplo usted escribe; pero lo que es a mí ningún libro me ha ayudado, me ha hecho entender. Ni en el teatro ni en el cine. Yo me intento aclarar sin ellos. Yo sola. Todas las penas las padecemos nosotros mismos, pero no sabemos qué hacer con ellas. Esto no puedo entenderlo con la razón.
Y de pronto resulta que no hay libros para esto. Mi madre se sintió perdida. Ella no sabe vivir sin los libros. Sin Chéjov, sin Tolstói.
Yo quisiera no pensar en esto, yo quiero ser feliz. ¿Por qué no puedo ser feliz?
¡Un moreno nuclear!
Yo era pequeña. No recuerdo el miedo, pero me acuerdo de muchas cosas extrañas. Poco habituales, quiero decir.
Fue algo extraño. Poco habitual en mi padre.
Tenía un sentimiento de animadversión. Es algo que no puedo entender con la razón
Dijo eso y se asustó de sus propias palabras, porque había crecido en el campo y todo eso lo conocía y lo amaba… Eso era antes.
La hierba, las flores… Todo «crepitaba».
¿Ha oído usted hablar de los hibakusi de Hiroshima? Son los supervivientes de Hiroshima. Solo pueden casarse entre ellos. Aquí no se escribe nada sobre esto; de esto ni se habla. Pero nosotros existimos. Somos los hibakusi de Chernóbil.
Trabaja en una fábrica, de economista. Es activista social. Va a todos los mítines anticomunistas, lee a Solzhenitsin.
Por lo general era una persona tranquila, hasta algo flemático, ni un signo de exclamación en sus palabras.
MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO SAN FRANCISCO PREDICABA A LOS PÁJAROS
SERGUÉI GURIN, operador de cine; ahora busca filmar animales.
Y de pronto caigo: no noto el olor. El jardín está en flor, ¡pero no huele a nada! Solo después me enteré de que el organismo reacciona así ante las altas radiaciones: se bloquean algunos órganos.
Las lilas no olían. ¡Las lilas!
Pero lo contaba de manera enajenada; como si no hubiera sido ella sino otra mujer la que lo había hecho y como si el niño no fuera suyo.
¿Cuál es entonces el sentido de la vida? Después de aquello no tenía ganas de vivir.
Por esta razón no quiero recordar. Recordar aquellos días en la zona. Me invento diversas explicaciones. No quiero abrir esa puerta.
Cuando nació mi hijo dejé de tener miedo a la muerte. Se me abrió el sentido de mi vida.
Como si todos los tuyos se hubieran marchado de la ciudad y tú te hubieras quedado solo, y debieras tomar una decisión.
A mí mismo, después del servicio militar, la vida civil me resultaba insulsa.
En una palabra, no sabes si llorar o reír.
Son gente que suele evitar el contacto. Y yo estoy de acuerdo con ellos. Hay algo de antinatural en eso de reunirse y recordar la guerra.
en lo hondo de su subconsciente, son seres que huyen el uno del otro.
Huyen de sí mismos. Huyen de aquello que han descubierto allí sobre el hombre. De aquello que ha salido a flote de su interior. De debajo de la piel. Por eso… Por eso huyen.
Por ejemplo, que todas nuestras ideas humanistas son relativas.
Todo es al revés. El hombre no es un héroe. Todos nosotros somos vendedores de Apocalipsis. Los grandes y los pequeños.
Incluso ante el fin del mundo, el hombre seguirá siendo el mismo, igual que es ahora. Siempre.
Todos somos vendedores de Apocalipsis.
A partir de aquello empezó todo. Ahora solo filmo animales. Ya se lo he dicho, he descubierto el sentido de mi vida.
tienen alteraciones en la sangre, se les ha destruido el sistema inmunológico.
Nuestro arte solo trata del sufrimiento y del amor humano y no de todo lo vivo. ¡Solo del hombre! No nos rebajamos hasta ellos, los animales, las plantas. No vemos el otro mundo.
Allí se produjo en mí algo insólito.
MONÓLOGO SIN NOMBRE… UN GRITO
ARKADI PÁVLOVICH BOGDANKÉVICH, médico rural.
Y los niños lloran, no quieren ir. Allí los demás niños se reirán de ellos.
MONÓLOGO A DOS VOCES… DE HOMBRE Y DE MUJER
Hablan los maestros Nina Konstantínovna y Nikolái Prójorovich Zharkov. Ella enseña literatura; él da clases de formación profesional.
la muerte les preocupa como algo fantástico. Como un viaje a alguna parte.
No hay nada que les pueda asombrar ni alegrar. Siempre somnolientos, cansados. Las caras, pálidas, grises. Ni juegan ni hacen el tonto.
Les pides en una clase que te repitan algo y el crío no puede; la cosa llega a que a veces pronuncias una frase para que la repita después y no puede. «¿Pero dónde estás? ¿Dónde?», los intentas sacar del trance.
Pienso. Pienso mucho. Como si dibujara con agua sobre un cristal; solo yo sé que estoy dibujando, nadie lo ve, nadie lo adivina. Nadie se lo imagina.
Los niños no conocen el miedo, aún no lo entienden.
Recuerdo aquellos días. Me ardía la garganta, y notaba un peso, una extraña pesadez en todo el cuerpo. «Esto es hipocondría —me dice la médico—. Todos se han vuelto aprensivos, porque ha ocurrido lo de Chernóbil». «¿Qué hipocondría? Me duele todo, no tengo fuerzas».
Que te ibas a acostar en el suelo y dormirte.
Y todos se volvieron terriblemente tristes, malhumorados, en todo el día no veías una cara contenta, o que alguien de tu alrededor le sonriera a otro.
Se había producido un hecho impensable, pero la gente siguió viviendo como antes.
Chernóbil era menos terrible que dejar la cosecha sin recoger en el campo.
El miedo está en las sensaciones, a un nivel subconsciente.
Esto no se puede comparar con una guerra, no es exacto, y sin embargo todos lo comparan.
Hasta descubrir la fiera en uno mismo.
Nos queríamos proteger del átomo, como si fuera la metralla de un proyectil. Pero esto está en todas partes…, en el pan, en la sal. Respiramos radiación, comemos radiación.
sobre todo los médicos, los maestros, en una palabra, la intelectualidad, toda la gente instruida, lo dejaban todo y huían. Se largaban de aquí.
Yo idolatro el saber humano. Y todo lo que el hombre ha creado. El saber. El saber en sí mismo nunca es culpable.
Se están preparando para el futuro. [Una larga pausa en la conversación.]
Más duro y más maravilloso.
MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO UNA COSA COMPLETAMENTE DESCONOCIDA SE VA METIENDO DENTRO DE TI
ANATOLI SHIMANSKI, periodista; diversos fragmentos y situaciones recolectadas.
Algo así me pasó por la mente. Retazos de pensamientos.
Era algo que se introducía, que penetraba en ti. Al margen de tu voluntad.
Todo el mundo no para de hablar de espías y terroristas infiltrados, y en cambio ni una palabra de medidas profilácticas a base de yodo.
Cada día veo más minada mi fe.
La gente no cree lo que dicen los periódicos, la televisión y la radio; buscan la información en la conducta de las autoridades. Es la más de fiar.
El chiste más popular de la zona: el mejor remedio contra el estroncio y el cesio es el vodka Stolíchnaya.
La actitud hacia el pueblo es la siguiente: que se conforme con el salchichón y el vodka.
¿Dónde está Spielberg? ¿Mi admirado Alexéi Guerman?
Pero donde se forman los convoyes de trenes especiales alguien ha visto a nuestras autoridades con sus maletas.
Quería demostrar a la patrulla militar que de este modo se curaba del reúma.
Los perros se habían asilvestrado.
No recuerdo conversaciones serias; solo chistes:
Los hombres de Iglesia tenían visiones.
Somos fatalistas.
Se está desdibujando la frontera entre lo real y lo irreal.
«No se le escapaba ni una falda en toda la región».
Los bielorrusos se convertirán en humanoides.
Merodean tristes y tienen los ojos mustios.
Los niños que nazcan dentro de tres o cuatro generaciones, todos serán como Einstein.
MONÓLOGO ACERCA DE LA FILOSOFÍA CARTESIANA Y DE CÓMO TE COMES UN BOCADILLO CONTAMINADO CON OTRA PERSONA PARA NO PASAR VERGÜENZA
GUENADI GRUSHEVÓI, diputado del Parlamento de Bielorrusia, presidente de la Fundación Para los Niños de Chernóbil; habla de algunas gestiones estatales, la manifestación bielorrusia del 89, la concepción de la Fundación Para los Niños de Chernóbil.
Una persona que se ha buscado en la historia su momento preferido y que vive en él. Que se dedica a él plenamente y está sumergido en su espacio. Esto en el ideal. Idealmente, claro.
Me refiero al siglo XVIII, a la época de la Ilustración…, de la fe en la razón. Fe en nuestra capacidad para explicar el mundo.
Pero empezó la perestroika de Gorbachov.
La gente hasta empezó a andar de otra manera, la vida había corregido incluso algo en la plástica de las personas, se sonreían más los unos a los otros.
¡Cuántas generaciones se han pasado la vida en nuestro país cuchicheando en las cocinas!
Porque en la historia quedarán juntos: el desmoronamiento del socialismo y la catástrofe de Chernóbil. Han coincidido. Chernóbil ha acelerado la descomposición de la Unión Soviética. Ha hecho volar por los aires el imperio.
Teníamos una visión infantil del mundo. Vivíamos según el manual. No solo nosotros, sino toda la humanidad se hizo más sabia después de Chernóbil. Se hizo mayor. Adquirió otra edad.
Lo que más me asombró fue la combinación de belleza y miedo. El miedo dejó de aparecer separado de la belleza, y la belleza, del miedo.
Un desconocido sentimiento de muerte.
Y así sucesivamente, subiendo por la pirámide hasta el secretario general. Una persona lo decidía todo, lo decidía allí en sus alturas celestiales. Así estaba construida la pirámide del poder. Y a su cabeza, el zar. Entonces un zar comunista.
Aunque es cierto que los gatos no paran de rascarse y a los caballos los mocos les llegan hasta el suelo.
Según costumbre bielorrusa, hay que señalar la entrada en una nueva casa.
Lo que en otro tiempo se llamaba la hacienda de un kulak, de un campesino rico.
Nuestra mentalidad. Este es un tema aparte. En primer lugar, nosotros ponemos los sentimientos. Esto le da gran vuelo, una gran altura a nuestra vida, pero al mismo tiempo es fatal. En cambio, la opción racional siempre es para nosotros negativa. Nosotros comprobamos nuestros actos con el corazón y no con la razón.
Compartir su suerte. Esta es nuestra actitud hacia nuestra propia vida.
Y este maldito bocadillo no se me iba de la cabeza. Hay que comerlo con el corazón y no con la razón.
Alguien ha escrito que en el siglo XX… y ahora ya en el siglo XXI, vivimos tal como nos ha enseñado a hacerlo la literatura del XIX. ¡Dios santo! A menudo me asaltan las dudas. Lo he discutido con mucha gente. Pero ¿quiénes somos? ¿Quiénes?
Yo estoy de acuerdo con ella. Desde el punto de vista de nuestra cultura, pensar en uno mismo es una muestra de egoísmo. Algo propio de los pobres de espíritu. Siempre encuentras algo que está por encima de ti. De tu vida.
Las autoridades se escondieron. Esperando. Se asustaron. La gente avanzaba y lloraba, agarrados de las manos. Lloraba porque vencía su miedo. Se liberaba de su miedo.
El hombre empezó leyendo el juramento hipocrático.
Nos aplicaron el artículo de «gamberrismo».
https://dle.rae.es/gamberro adj. Libertino, disoluto. U. t. c. s. adj. Que comete actos de grosería o incivilidad. U. t. c. s. Sin.: maleducado, travieso, sinvergüenza, chulo, desvergonzado, incivil, bruto, alborotador, vándalo. Ant.: educado. f. And. prostituta. Sin.: prostituta.
Quienes caen más a menudo son los tractoristas y los chóferes, es decir, aquellos que aran el campo o viajan por los caminos sin asfaltar.
Mi mujer, que es lingüista de formación, antes nunca se había interesado por la política, como tampoco por el deporte, pero entonces no paraba de hacerme las mismas preguntas
Un hombre es capaz de tomar una decisión de este tipo solo en momentos de conmoción, en momentos de la más completa liberación interior.
Ya entonces se había filtrado el rumor de que para expulsar la radiación había que comer más fruta.
Pero el hombre lloraba porque no se habían olvidado de ellos. Alguien se acordaba de ellos. Y eso quiere decir que aún había una esperanza.
Mi diagnóstico es… ¿Quiere oírlo? Una mezcla de prisión y jardín de infancia: esto es el socialismo. El socialismo soviético. El hombre entregaba al Estado el alma, la conciencia, el corazón, y a cambio recibía una ración.
Tal como ahora lo entiendo, Chernóbil es un gran experimento también para nuestro espíritu. Para nuestra cultura.
A veces razonan de forma inesperada.
Y así es como se imaginaban el futuro.
«Ahora, cuando pienso en mi futuro —escribía la muchacha— sueño con acabar la escuela y marcharme a alguna parte lejos, lejos, donde nadie sepa de dónde soy. Allí, alguien me querrá y yo lo olvidaré todo».
La libertad, solo sabemos soñar con ella. Pudimos ser libres pero no lo hemos conseguido. Una vez más no lo hemos logrado.
En nuestros museos militares, que son más numerosos que los de arte, se guardan viejos fusiles, bayonetas, granadas, y en sus patios vemos los tanques y los lanzaminas.
MONÓLOGO ACERCA DE QUE HACE MUCHO QUE BAJAMOS DEL ÁRBOL Y NO INVENTAMOS NADA PARA QUE ESTE SE CONVIRTIERA ENSEGUIDA EN UNA RUEDA
SLAVA KONSTANTÍNOVNA FIRSAKOVA, doctora en Ciencias Agrícolas; da un testimonio con enfoque científico, menciona propuestas y acciones desde la ciencia y la política.
Por un lado, nuestra civilización es antibiológica, el hombre es el peor enemigo de la naturaleza, y por otro, es un creador. Transforma el mundo.
Lo único es que el progreso exige víctimas y cuanto más lejos vayamos, más serán las víctimas.
El clima de la tierra está cambiando.
Pero el saber como tal no puede tener la culpa ni ser un crimen.
Se trata de la mayor catástrofe de origen técnico en la historia de la humanidad; nuestras pérdidas son fantásticas.
Chernóbil ha sido un golpe para nuestra imaginación y lo ha sido también para nuestro futuro. Nos hemos asustado de nuestro futuro.
Entonces no debíamos de haber bajado del árbol, o hubiéramos debido inventarnos algo para que el árbol se convirtiera enseguida en una rueda.
Y luego nos asombramos de por qué nuestra gente es así. Por qué no son libres, por qué temen a la libertad. Están más acostumbrados a vivir bajo el poder del zar. Del padre-zar.
Me he pasado la vida pensando en la tierra, estudiando la tierra. La tierra es una materia tan misteriosa como la sangre. Se diría que lo sabemos todo de ella, pero siempre hay un enigma que descubrir.
Estoy en contra de que una gente que no conoce o que se ha olvidado de la tabla de Mendeléyev nos enseñe cómo vivir.
Si a usted le sobreviene un ataque de apendicitis y hay que operarla, ¿a quién se dirigirá?
No tiene nada de esto y, por lo mismo, debemos cuidar lo que tenemos. Restablecerlo.
El hombre se cura. También la tierra se cura.
—El hombre se cura. También la tierra se cura. Hay que trabajar. Pensar. Superar los obstáculos aunque sea poco a poco. Ir hacia delante. En cambio, nosotros… ¿Qué ocurre? Dada nuestra monstruosa pereza eslava, estamos dispuestos a creer antes en un milagro que en que somos capaces de crear algo con nuestras propias manos. Observe la naturaleza. Hay que aprender de ella. La naturaleza trabaja, se autodepura, nos ayuda. Se comporta con más sensatez que el hombre. La naturaleza aspira a recuperar el equilibrio primitivo. Aspira a la eternidad.
Era lo más parecido a un nuevo proyecto bolchevique.
Si la fe en la razón abandona al hombre, en su alma se instala el miedo, como ocurre con los salvajes. Y aparecen los monstruos.
En cambio, la mayoría de los dirigentes no quería saber nada, nada de física ni de matemáticas. Todos ellos habían acabado la escuela superior del Partido, pero allí solo les enseñaban una asignatura: el marxismo.
Me acuerdo de la frase de Budioni, el militar preferido de Stalin: «A mí me da igual a quién matar. A mí lo que me gusta es arrear sablazos».
Para las semillas, la radiación es inocua.
Yo hasta lo llamaría filosofía de la supervivencia.
Los ladrillos son un buen reflectante, es decir dispersan las radiaciones ionizadas (veinte veces más que la madera).
—Puedo decirle lo siguiente. Ahora estoy defendiendo la ciencia. Le estoy demostrando que el responsable de lo sucedido en Chernóbil no es la ciencia, sino el hombre. No es el reactor, sino el hombre. En cambio, en cuanto a las cuestiones políticas, no es a mí a quien hay que plantearlas. En eso se equivoca usted de puerta.
Pues porque era un auténtico científico y quería demostrar que en este lugar una persona formada podía vivir. Una persona formada y disciplinada, justamente las dos cualidades que menos se valoran entre nosotros.
He estado en Alemania y he visto cómo todos los alemanes separan cuidadosamente en la calle las basuras: en este contenedor se echa el vidrio transparente de las botellas; aquí, el rojo. Las tapas de las cajas de leche, a un lado, donde va el plástico, y el propio paquete de cartón, donde se tira el papel. Las pilas de la máquina de fotos, a otro contenedor diferente. Los restos orgánicos, a otro. El hombre se esfuerza.
Pero, cuando se trata de sobrevivir, de cambiar…
Y aquí es donde callan. Callan mis oponentes… [Se queda pensativa.]
Y la plaza que se forme en su lugar la convertirán en un verde prado.
MONÓLOGO JUNTO A UN POZO CEGADO
Testimonio de Maria Fedótovna Velichko, cantora y narradora popular muy conocida en la región de Polesie, y su familia, mientras esperan el inminente traslado; cuenta costumbres y creencias supersticiosas, también menciona acciones prácticas para el tratamiento de algunos aspectos de la contaminación radiactiva.
Venden miedo a Chernóbil, porque ya no nos queda nada más que vender en el mercado internacional. Esta es nuestra nueva mercancía: vendemos nuestros sufrimientos.
Hace unos días estuve mirando mi suerte en el agua y vi que me esperaba el camino. Nuestras raíces abandonan su tierra.
Te recordaré, hija mía, cómo cuando éramos jóvenes adivinábamos el porvenir. Te recordaré algo bueno. Alegre.
En verano se adivinaba en el agua y en invierno en el humo; hacia el lado que se fuera el humo, de esa dirección te vendría el marido.
Se llevaban unas velas al río, se vertía en el agua la cera. Si la vela flotaba es que el amor no estaba lejos, pero si la vela se hundía, aquel año también te quedabas soltera. De doncella te quedabas.
Adivinábamos de muchos modos.
Al diablo le gusta venir a este mundo por la puerta del espejo.
Unos lloran, otros ríen. A cada cual su suerte.
¿Qué es lo que sé? Si vives mucho, hasta la vida se te olvida e incluso el amor se te borra.
En la ciudad lo que se hace es ver la tele y leer libros. Eso nosotros aquí… Como los pájaros, leíamos las señales en la tierra, en la hierba o en los árboles.
Si la tierra se abre mucho tiempo en primavera y no se descongela, puedes esperar sequía en verano. Si la luna brilla mortecina, oscura, el ganado se pondrá a parir. Si las cigüeñas se retiran pronto, esperad frío. [La mujer cuenta y se balancea al ritmo de sus palabras.]
Todos te son extraños. Es un lugar vacío para el corazón.
Me gustaba ir al bosque, vivíamos de él, y allí siempre me encontraba acompañada. Como entre la gente.
Qué lugares tan buenos los nuestros; bosques y, alrededor, lagos. Lagos limpios, con sus ondinas.
La gente anciana contaba que las niñas que mueren pronto se convierten en ondinas.
https://dle.rae.es/ondina f. En algunas mitologías, ninfa (‖ deidad). Sin.: ninfa, nereida, sirena, náyade.
¿Me crees? Hubo un tiempo en que la gente se lo creía todo. Y obedecía. Entonces no había televisión, aún no la habían inventado. [Se ríe.] Ya ves.
Me gusta este tiempo. El sol se eleva alto por el cielo, las aves han regresado ya. Estaba ya harta del invierno.
Porque hay que trabajar, no te vas a quedar sentada, cruzada de brazos, esperando que te llegue la muerte. Entonces nunca vendría.
Sola vivo y con nadie puedo hablar, de manera que por la noche me cuento el día que ha quedado atrás:
Y, mientras las repartía por la casa, salmodiaba:
Hay que recorrer así la casa y pronunciar largo rato el encanto.
Entonces se tenía que expulsar a las brujas.
No lo olvides, porque puede que todo esto regrese de nuevo, así se dice en los libros santos.
Son pocos los que lo recuerdan, y pocos los que te lo puedan contar.
Se cierran ventanas y las puertas para que la muerte no entre volando.
La muerte siempre va de blanco, toda de blanco y con una guadaña.
Cuando un hombre muere y sufre mucho y en la casa hay mucha gente, todos han de salir al patio, para que el pobre se quede solo. Hasta el padre y la madre han de salir, y los niños.
Dios nos mandó la señal de que el hombre ya no vive en la tierra como en su propia casa, sino que es un huésped. Somos unos invitados de ella. [Se echa a llorar.]
MONÓLOGO ACERCA DE LA AÑORANZA DE UN PAPEL Y DE UN ARGUMENTO
SERGUÉI VASÍLIEVICH SÓBOLEV, vicepresidente de la asociación republicana Escudo para Chernóbil; habla de su obra, el museo de Chernóbil, habla de los soldados que trabajaron en el techo del reactor y otras zonas, sus tareas, un periodista inglés trata de indagar acerca de los problemas humanos de la contaminación radiactiva y la tragedia.
En cierta ocasión oí o leí que Chernóbil se nos plantea ante todo como un problema de autoconocimiento.
De igual modo como me ilustran en todo lo referente a Stalin, a Lenin, al bolchevismo.
Los programas Cosmos e Intercosmos representan una gran parte de mi vida. ¡Una época maravillosa! ¡Conquistemos el cielo! ¡Conquistemos el Ártico! ¡Las tierras vírgenes! ¡El cosmos! Todo el pueblo soviético voló con Gagarin al cosmos, se lanzó al espacio. ¡Todos nosotros! ¡Hasta hoy sigo enamorado de él! ¡Un maravilloso hombre ruso! ¡Con una espléndida sonrisa! Hasta su muerte parece fruto de un guión.
Un instante antes me parecía haber cazado el sentido. Hace un instante. Me siento impelido a filosofar. Hables con quien hables de Chernóbil, a todo el mundo le da por filosofar.
La iglesia de Chernóbil, en honor al icono de la Madre de Dios «Gloria a los Caídos».
Pero mi gran obra es el museo. El museo de Chernóbil. [Calla.]
Se pasó mucho rato gritando.
https://dle.rae.es/parihuela f. Artefacto compuesto de dos varas gruesas con unas tablas atravesadas en medio donde se coloca la carga para llevarla entre dos. Sin.: andas, anda, angarillas, árguenas, bayarte, ballarte. f. camilla (‖ cama portátil). U. t. en pl. con el mismo significado que en sing. Sin.: camilla, angarilla, andas.
Además eran personas de una cultura especial. La cultura de la hazaña. Unas víctimas.
Para que el uranio y el grafito fundidos no cayeran allí dentro, donde, junto con el agua, podrían alcanzar la masa crítica. Y provocar, por tanto, una explosión de hasta tres o cinco megatones.
¡Pero es que además no lo hicieron por eso! No lo hicieron por razones materiales. Lo que menos importaba era lo material. [Se emociona.]
Pero si ellos no lo hubieran hecho… Nuestra disposición al sacrificio. En eso no tenemos rival.
Un día discutí con uno. El hombre me quería demostrar que una actitud como aquella se explicaba por el poco valor que le damos a la vida. Que era cosa de nuestro fatalismo asiático. Una persona que sacrifica su vida, me venía a decir, no se percibe a sí misma como una personalidad única, irrepetible, como un ser que ya no volverá a existir nunca más. Es la añoranza de un papel.
Y aquí de pronto se convierte en el personaje principal. La añoranza de un sentido.
Lo encumbran. ¡Le dan un papel! Un gran valor a su muerte, porque tras la muerte llega la eternidad. Esto es lo que me quería demostrar.
Sí, es verdad, se nos ha educado para ser soldados. Así nos han enseñado. Siempre en estado de movilización, siempre dispuestos a realizar algo imposible.
Siempre viviendo con lo puesto, sin fortuna alguna, como toda su generación.
https://dle.rae.es/macuto m. Mochila, especialmente la del soldado. Sin.: mochila, morral, zurrón, costal, bulto. m. Ven. Cesto tejido de caña amarga, de forma cilíndrica y con asa en la boca, que se usa para transportar víveres y otros objetos.
«Para esto hay que perder dos o tres vidas. Y para esto, una vida». Así de sencillo, como si tal cosa.
Hacía falta abrir un túnel para inyectar nitrógeno líquido en la base y congelar una almohadilla de tierra: así se dice en el lenguaje técnico.
Yo creo que son unos héroes y no víctimas de una guerra, una guerra que como si no la hubiera habido.
Hay cosas que no está permitido comentar: el pudor eslavo.
Es un síntoma similar al que se da entre los técnicos de armas estratégicas. Se trata de algo bien sabido. Por regla general, les queda afectado el sistema genitourinario. Los atributos masculinos. Pero del tema no se habla en voz alta. No está bien visto.
el hombre preparó unas preguntas muy interesantes. Justamente sobre este tema; le interesaba el aspecto humano del problema.
es decir, en su caso por el efecto de la radiación, los huesos se reblandecen.
Entonces, el tipo se pone a sonsacarles uno a uno. Pero ellos, como un solo hombre: la salud es normal, el Estado valora su gesta y en casa reina el amor y la concordia. Y ni uno solo… Ni uno se sinceró.
Los pilotos ya se habían marchado, pero yo noto que el inglés está deprimido. «¿Entiendes ahora por qué nadie os cree? —me dice—. Os engañáis a vosotros mismos».
Pues bien, estos tipos son buenos para las tribunas, pero no para la cama.
(a los dos días de la avería, los pinos y los abetos se pusieron rojos y luego de color naranja)
Recordar la tragedia se ha convertido en un lugar común. ¡En un tópico! ¡O en un espantajo! [Concluye en tono desesperado. Calla durante largo rato.]
—Así es —me contestó—; en momentos como este soy todopoderoso. Ninguna otra ceremonia religiosa me transmite tanta energía como los funerales.
Lo recuerdo ahora: eran las palabras de un hombre que siempre se encuentra cerca de la muerte.
«Nos gusta esto —confiesan—. Aquí recibimos una potente carga de energía». ¿Se imagina? Una respuesta inesperada, ¿no es cierto?
La enigmática alma rusa.
Pero tampoco he podido aclarar qué es lo que más les atrae a los demás: ¿Nosotros mismos? ¿O lo que se puede escribir sobre nosotros? ¿O entender, a través de nosotros?
También en ella se ha instalado ya este miedo.
CORO DEL PUEBLO
Diferentes personas de diversas ocupaciones y trabajos cuentan aspectos de su experiencia con Chernóbil, antes, durante y después del acontecimiento catastrófico.
Te cuentan sus sueños: unas veces, una ternera que ha nacido con ocho patas, otras un cachorro con cabeza de erizo. Unos sueños tan extraños. Antes las mujeres no tenían sueños así. Yo no los había oído. Y eso que llevo treinta años de comadrona.
Solo dos maestros jóvenes se negaron, el resto fue y se puso a cavar. Nos sentíamos deprimidos y a la vez con la sensación de cumplir con nuestro deber; es algo que está en nosotros: estar allí donde hay dificultades, donde hay peligro, defender la patria.
Solo dos maestros jóvenes se negaron. Pero son de la nueva generación. Ya son otro tipo de personas.
Yo intentaba analizar mis sentimientos y me asombré al descubrir la rapidez con que se había adaptado mi psique; de un modo que no alcanzo a comprender, la experiencia de la guerra me resultó ser familiar.
Pero nosotros siempre hemos vivido sumidos en el terror; sabemos vivir en el terror; es nuestro medio natural de vida.
Y en esto, nuestro pueblo no tiene igual.
La gente abandonaba sus casas en presencia de los soldados; y esto tenía un efecto deprimente, sobre todo para aquellos que han vivido la guerra.
El corazón te latía presa de un terror inhumano.
Mi madre no pudo soportar la evacuación. Murió al cabo de un año. A mí se me repiten dos sueños. En el primero veo nuestra casa vacía, y en el segundo, junto a nuestra cancela, se alza mi madre rodeada de georgianas. Mi madre viva. Y sonriente.
https://dle.rae.es/cancela f. Verja pequeña que se pone en el umbral de algunas casas para reservar el portal o zaguán del libre acceso del público. Sin.: verja, reja2. f. En Andalucía, verja, comúnmente de hierro y muy labrada, que en muchas casas sustituye a la puerta divisoria del portal y el recibimiento o pieza que antecede al patio, de modo que las macetas y otros adornos de este se vean desde la calle.
Todo el tiempo comparamos lo sucedido con la guerra. Pero la guerra se puede entender.
De nuestra aldea han quedado tres cementerios: en uno descansan los hombres, es el viejo; en otro, los perros y los gatos que hemos abandonado y que se han sacrificado, y en el tercero están nuestras casas.
«¡Hay que buscar cuanto antes leche y vodka! ¡Ahora mismo!».
«¿Es posible que este sea el olor de una guerra atómica?», pensaba yo. La guerra debe oler a humo.
Todos esperan la intervención del jefe de defensa civil, porque quien había logrado recordar algo sobre la radiación era a partir de algunos retazos del manual de física de la décima clase.
Descendemos del cielo junto a una aldea y vemos a unos chiquillos revolcándose en la arena, como los gorriones. En la boca un guijarro, una rama. Los críos sin pantalones, con el culo al aire. Pero las órdenes son que no tratemos con la gente para no provocar el pánico.
«Debe decidirse a abortar. Su marido ha estado durante largo tiempo en Chernóbil».
Había leído en los libros que el amor podía vencerlo todo. Incluso a la muerte. La criatura nació muerta. Y sin dos dedos. Una niña. Y yo lloraba: «Si al menos tuviera todos los dedos. No ven que es una niña».
Nosotros, los médicos, siempre estamos en activo.
«Los médicos jóvenes, primero, no están preparados, y segundo, para ellos es más peligroso, el organismo joven es más sensible al efecto de las radiaciones».
Recuerdo que a los enfermos les empezaron a cicatrizar mal las heridas.
Mi marido, que es una persona con estudios superiores, es ingeniero, me quería convencer con toda seriedad de que se trataba de un acto terrorista. Un sabotaje perpetrado por el enemigo. Eso es lo que creíamos. Así nos habían educado.
¿Qué es esto de la desactivación? ¿Cómo proteger a los niños? ¿Cuáles son los coeficientes de transmisión de los radionúclidos a las cadenas alimenticias? Sobre las partículas alfa, beta y gamma, sobre radiobiología, sobre las radiaciones ionizantes, ya por no hablar de los isótopos.
https://dle.rae.es/añagaza Del ár. hisp. annaqqáza ‘señuelo’, y este del ár. clás. naqqāz ‘pájaro saltarín’. f. Artificio para atraer con engaño. Sin.: treta, astucia, carnada. f. Señuelo para coger aves, comúnmente constituido por un pájaro de la especie de los que se trata de cazar. Sin.: ñagaza, reclamo, señuelo.
Contaban que a las ancianas les empezó a salir leche de los pechos, como a las parturientas. El término médico para este fenómeno es «relajación». Pero ¿y para los campesinos? Aquello era el fin del mundo. Un castigo de Dios.
Tiene la enfermedad de la sangre; hasta no me sale la palabra.
Estoy con él en el hospital y pienso: «Se me va a morir». Luego he comprendido que no se puede pensar de esta manera, porque entonces lo oiría la muerte.
Al menos vimos de lejos nuestras casas. Les hicimos la señal de la cruz.
Nos creemos que vivimos. Andamos, trabajamos. Amamos. Pero ¡no! ¡Lo que estamos haciendo es apuntar información para el futuro!
Cuando mueren, ponen unas caras de tanto asombro. Parecen tan perplejos. Yacen en sus camas con caras de tanta sorpresa.
Regresó de Moscú con una sola idea: «Me voy a morir». Se volvió más callado.
Yo no interpreto mis sueños. Unas veces me llevan al cadalso, otras voy toda de blanco.
Ahuyento estos pensamientos.
Yo no le dejo que se muera.
Como si en su pasado no hubiera existido ni el gulag, ni Chernóbil
TERCERA PARTE. LA ADMIRACIÓN DE LA TRISTEZA
MONÓLOGO ACERCA DE LO QUE NO SABÍAMOS: QUE LA MUERTE PUEDE SER TAN BELLA
NADEZHDA PETROVNA VIGÓVSKAYA, evacuada de la ciudad de Prípiat; describe lo bello del resplandor del reactor, cómo la gente salía a apreciarlo, la evacuación, la fe, y los templos a los que acudía la gente.
Hasta hoy tengo delante de mis ojos la imagen: un fulgor de un color frambuesa brillante; el reactor parecía iluminarse desde dentro. Una luz extraordinaria. No era un incendio como los demás, sino como una luz fulgurante. Era hermoso. Si olvidamos el resto, era muy hermoso.
No sabíamos que la muerte podía ser tan bella. Y yo no diría que no oliera. No era un olor de primavera, ni de otoño, sino de algo completamente diferente, tampoco olor a tierra. No. Picaba la garganta, y los ojos lloraban solos.
Yo ahogaba el dolor de cabeza con Citramon.
En nuestra cabeza aún no cabía que el átomo de uso pacífico pudiera matar.
Desde los primeros días sentimos sobre nuestra piel que nosotros, la gente de Chernóbil, éramos unos apestados. Nos tenían miedo.
Me asusté al ver qué pronto se le había acabado al chico la niñez.
Aunque no me abandonaba una sensación, la impresión de que todo aquello no me ocurría a mí sino a otra gente. Una sensación extraña.
sino la constante impresión de ser una espectadora. De mirar a través de un cristal. Y veía a alguien distinto.
Yo canto en el coro de la iglesia. Leo los Evangelios. Voy a la iglesia porque solo allí hablan de la vida eterna y reconfortan a la gente. En ninguna otra parte escucharás palabras de consuelo, y tienes tantas ganas de escucharlas.
Ateos, comunistas, todos iban.
Ha pasado el tiempo, todo se ha convertido en un recuerdo. Pero aún me veo como una espectadora.
MONÓLOGO ACERCA DE QUÉ FÁCIL ES CONVERTIRSE EN TIERRA
IVÁN NIKOLÁ YEVICH ZHMÍJOV, ingeniero químico; describe el trabajo y tareas que les asignan, las practicas tipo militares, del trabajo de cavar.
Nos quedamos atónitos. Estábamos furiosos.
Pero sobre que la contaminación radiactiva del medio ambiente era el factor más letal ni una palabra.
Solo sabían una cosa: había que tomar cuanto más vodka mejor, porque ayudaba contra la radiación.
Primero bebíamos vodka, pero luego miré y vi que empezaban a correr unas bebidas muy raras: nitquinol y otros limpiacristales varios. Como químico, el experimento me resultaba interesante. Después del nitquinol se te quedan las piernas como de guata, pero la cabeza se mantiene clara. Te dan la orden: «¡En pie!», y en cambio te caes.
https://dle.rae.es/guata Del fr. ouate. f. Lámina gruesa de algodón en rama, engomada por ambas caras, que sirve para acolchados o como material de relleno. Sin.: algodón, relleno.
Aquí fue donde nació el aforismo: contra el átomo, la pala.
No sé por qué me ha venido este recuerdo a la cabeza.
Pero nadie se quejaba.
Hay que hacerlo, pues se hace. La patria te llama; la patria te lo ordena. Así es nuestro pueblo.
Y manadas de gatos. Los había como moscas.
Arrancábamos la tierra y la enrollábamos en grandes rollos. Como una alfombra. Una capa de césped con las hierbas, las flores, las raíces… Con los escarabajos, las arañas, las lombrices… Un trabajo de locos. Porque es imposible despellejar toda la tierra, arrancar todo lo vivo. Si no hubiéramos bebido a muerte y cada noche, dudo que lo hubiéramos podido aguantar. Se nos habría ido el coco.
Porque te venían a la cabeza las ideas más disparatadas.
Y, de todos modos, qué ganas te daban de sentarte a una mesa. En una vieja casa.
Los soldados eran unos tipos valientes. Atrapaban una gallina. Encendían una hoguera. Y la botella de samogón.
Yo me salvé porque escribía a casa largas cartas y llevaba un diario.
A algunos se les ocurrió una idea: por la mañana llevaban el dosímetro a la fosa y por la noche lo recogían. Cuanta más radiación tenías más pronto te daban un permiso. O te pagaban más.
O sea que nos habían dado esos trastos, esos cachivaches, para distraer al personal. Psicoterapia.
https://dle.rae.es/erial De ería y -al. adj. Dicho de una tierra o de un campo: Sin cultivar ni labrar. U. m. c. s. m. U. t. en sent. fig. Sin.: eriazo, erío, yermo, baldío, inculto, páramo, estepa1, desierto, descampado, chiribital. Ant.: vergel, sembrado.
En los primeros días. Comprendí lo fácil que es convertirte en tierra.
MONÓLOGO ACERCA DE LOS SÍMBOLOS Y LOS SECRETOS DE UN GRAN PAÍS
MARAT FILÍPOVICH KOJÁNOV, exingeniero jefe del Instituto de Energía Nuclear de la Academia de Ciencias de Belarús; con dosimetría miden los diferentes productos que se continúan produciendo, son residuos radiactivos, del sentido patrio y comunista.
Después de las primeras pruebas, quedó bien claro que lo que nos llegaba no era carne sino residuos radiactivos.
Comprobamos la leche. No era leche, sino residuos radiactivos.
Se engañaba a la gente. Y la engañaba el Estado.
Toda la información se convertía en un secreto guardado bajo siete sellos, para «no provocar el pánico».
Pero no era el miedo… El miedo no era la razón, aunque influía, claro. Sino el que éramos hombres de nuestro tiempo, de nuestro país soviético. Creíamos en él; toda la cuestión está en la fe. En nuestra fe. [Enciende un cigarrillo de los nervios.] Créame, no era por el miedo. No era solo por el miedo. Se lo digo con toda honradez. Para respetarme a mí mismo, he de ser ahora honesto. Quiero.
En algunas aldeas medimos la tiroides a niños y mayores. Resultado: cien, doscientas, trescientas veces por encima de las dosis tolerables.
En nuestro grupo había una mujer. Una radióloga. Le dio un ataque de histeria al ver que los niños jugaban en la arena. Echaban barquitos a navegar en los charcos.
¿De dónde viene esta fe? Habíamos salido victoriosos de una guerra monstruosa. Entonces, todo el mundo se postraba ante nosotros.
«¡Stalin!». ¿Qué era eso? Un símbolo. El símbolo de un gran país.
Hacíamos informes, preparábamos documentos explicativos. Pero callábamos y nos sometíamos sin rechistar a las órdenes, por disciplina de partido. Soy comunista.
Ante todo estaba la certeza de que vivíamos en un mundo hermoso y justo, y de que el hombre estaba por encima de todo, pues representaba la medida de todas las cosas. Para muchos, el hundimiento de estas convicciones acabó con un infarto o un suicidio. Una bala en el corazón, como el académico Legásov. Porque, cuando pierdes la fe, cuando te quedas sin convicciones, ya no eres un participante, sino un cómplice, y para ti ya no hay perdón. Así lo entiendo yo.
Cuando quieres encontrar sentido a algo, notas que te conviertes en una persona religiosa. Yo, en cambio, soy ingeniero. Soy persona de otras convicciones. Y me rijo por otros símbolos.
MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO EN LA VIDA LAS COSAS TERRIBLES OCURREN EN SILENCIO Y DE MANERA NATURAL
ZOYA DANÍLOVNA BRUK, inspectora del Servicio para la Protección de la Naturaleza; menciona trabajos y negligencias cometidas por el gobierno y la administración con respecto a la producción y al tratamiento de los residuos radiactivos.
Chernóbil saltó por los aires alimentado por una conciencia que no estaba preparada para algo semejante, pero que tenía una fe absoluta en la técnica.
Algunos escuchaban las radios occidentales; solo esas emisoras informaban de qué pastillas había que tomar, cómo usarlas correctamente.
Algo sintomático. ¡Ah!, ahora recuerdo. Chernóbil… De pronto surgió una nueva sensación, la desacostumbrada impresión de que cada uno teníamos nuestra propia vida; hasta entonces era como si esta no hiciera falta.
Éramos soviéticos. De espíritu comunitario.
Enterrábamos la tierra en la tierra. Ya ve qué extraña ocupación humana. Nadie podía entender aquello.
Algunos dicen: un pueblo santo y un gobierno criminal.
Mi viaje de trabajo más importante fue al distrito de Krasnopolie; como ya le he dicho, el más sucio de todos.
Nadie había retirado el plan de producción, nadie había cambiado el programa de siembra; antes sembraban guisantes, pues seguían sembrando lo mismo, aunque sabían que los guisantes son los que más absorben la radiación, como todas las leguminosas.
Una operación de apendicitis urgente: hay que llevar al enfermo al distrito vecino en ambulancia;
La gente no entendía. Se han pasado los años asustando a la gente, preparándolos para una guerra atómica. Pero no para un Chernóbil.
Nosotros, con la mirada clavada en el suelo; nuestras órdenes eran recoger datos, pero no relacionarnos demasiado con la población.
La gente del campo es la que más pena da, porque han sufrido sin culpa alguna, como los niños.
Fieles a los designios de Dios. En los pueblos no entendían qué había pasado y querían creer a los científicos, a cualquier persona instruida, como si se tratara de un sacerdote.
El hombre ha resultado ser peor de lo que creía. Hasta yo misma. He resultado peor. Ahora ya sé lo que soy. [Se queda pensativa.] Y lo reconozco, por supuesto. Es algo importante para mí misma.
Cada uno encontraba alguna justificación. Alguna explicación. Yo he hecho el experimento conmigo misma. Y, en una palabra, he comprendido que en la vida las cosas más terribles ocurren en silencio y de manera natural.
MONÓLOGO ACERCA DE QUE EL RUSO SIEMPRE QUIERE CREER EN ALGO
ALEXANDR REVALSKI, historiador; menciona mentalidad y leitmotiv ruso.
No se trata de una abstracción, de una conclusión racional, sino que es una sensación personal.
Aguardando. «¡Desgraciado de mí! ¿Dónde se ha escondido el tiempo?», exclamaría Zaratustra.
Por supuesto, estoy de acuerdo con aquellos que escriben que no es el reactor lo que ha explotado, sino todo el sistema anterior de valores.
Quisiera referirme a lo que Chaadáyev fue el primero en señalar: nuestra hostilidad hacia el progreso. Nuestra actitud contraria hacia la técnica, hacia los instrumentos.
Hay un relato extraordinario de Leskov: Una voluntad de hierro. ¿De qué trata? Del carácter ruso: sobre el «puede que sí» o el «tal vez no». Este es el leitmotiv ruso.
El carácter alemán se refleja en su apuesta por el instrumento, por la máquina.
Las ruedas del carro se hunden en el barro, pero, en cambio, hemos logrado atrapar al pájaro de fuego.
La máquina y el hombre avanzaban juntos, cambiaban a la par. Se iban formando una conciencia, un pensamiento tecnológico.
Un hacha, una guadaña y un cuchillo. Y ya está. Sobre ellos se levanta todo su mundo. Bueno, me he dejado la pala.
No la quiere, a la máquina esta la odia, de hecho la desprecia, porque no entiende muy bien qué tiene entre las manos, de qué poder se trata.
Su mente existía en estos dos ámbitos, en estas dos eras: en la de piedra y en la atómica. En dos épocas.
Este es el destino de Rusia: viajar entre dos culturas. Entre el átomo y la pala.
Hay algo peculiar en nuestra ignorancia; algo cercano a la ignorancia oriental.
Incluso todo el léxico de mi niñez salía del lenguaje de los reclusos.
«A una puta lista no hay culo que se le resista», esto lo entendía yo a los nueve años.
Hasta los juegos, los dichos y las adivinanzas eran del ambiente de los campos.
Como escribía Ajmátova, «medio país encerraba, y el otro medio estaba encerrado».
Bueno, claro, y además, hemos sido educados en este peculiar paganismo soviético: el hombre es el amo y señor, es la corona de la creación.
La fórmula de Michurin[50] era: «No podemos esperar que la naturaleza nos conceda sus dones; nuestra tarea es apropiarnos de ellos».
La conocida consigna bolchevique: «¡Conduzcamos a la humanidad con mano de hierro hacia la felicidad!». La psicología del agresor. Un materialismo de caverna. Un reto a la historia y un reto a la Naturaleza.
El kaláshnikov, en lugar de la palabra.
Una vez más, nos dedicamos a sobrevivir. Toda nuestra energía se consume en esto. Pero el alma se deja a un lado. De nuevo el hombre está solo.
Un personaje de Bulgákov, en su Cábala de los beatos[52], dice: «He pecado toda la vida. He sido actriz». Es la conciencia del carácter pecador del arte. De lo inmoral de su esencia. De este asomarse a las vidas ajenas.
MONÓLOGO ACERCA DE CUÁN INDEFENSA RESULTA LA VIDA PEQUEÑA EN ESTE TIEMPO GRANDIOSO
NINA PRÓJOROVNA KOVALIOVA, esposa de un liquidador; describe escenas y momentos de Chernóbil.
No se puede sufrir así tan sin sentido, uno no puede pararse a pensar tanto. ¡Es imposible, imposible! [Eleva la voz hasta gritar.]
Proeza es una palabra inventada por los gobernantes. Para personas como yo.
No tiene sentido sufrir de este modo. Solo sé una cosa, que ya nunca más seré feliz.
Los médicos me dijeron: tiene el corazón muy dilatado, también tiene dilatados los riñones, como el hígado.
Un día me preguntó: «¿No te doy miedo?». Empezó a tener miedo al contacto físico.
Pero en otras ocasiones me resulta tan insoportable que no quería saber nada de eso. ¡Odio recordar! ¡Lo odio! [De nuevo brota el grito.]
Se ve que comprendió algo. Comprendió alguna cosa de la vida que antes no había entendido. Empezó a hablar con unas palabras nuevas.
La élite de Moscú y Leningrado. Se dedicaban a filosofar. La Pugachova[53] fue a actuar ante ellos. En el campo.
Bailaba en la boda de su hija, hacía reír a todo el mundo con sus chistes. Cogió una copa para hacer un brindis y se derrumbó.
Chernóbil me ha llenado la vida y mi alma se ha ensanchado. Sientes dolor. La llave secreta. Te pones a hablar después de este dolor y te salen hermosas palabras. Yo he dicho estas cosas…, con estas palabras, solo cuando he amado. Y ahora. Si no creyera que está en el cielo, ¿cómo lo podría soportar?
No hay gente y el tiempo se mueve de otro modo. El día es largo, inacabable, como en la infancia.
No se puede sufrir así, tan sin sentido. [Llora.] Sin palabras hermosas conocidas.
Pero hay una única cosa que sé, y es que ya nunca más seré feliz.
MONÓLOGO ACERCA DE LA FÍSICA, DE LA QUE TODOS ESTUVIMOS ENAMORADOS
VALENTÍN ALEXÉYEVICH BORISÉVICH, exdirector del laboratorio del Instituto de Energía Nuclear de la Academia de Ciencias de Belarús; director bielorruso cuenta parte de la reacción y medidas cuando se presentó el accidente en Chernóbil.
Este grado de radiación se considera la máxima permitida en locales peligrosos durante un tiempo de trabajo no superior a las seis horas.
Establecimos que la actividad era yódica. Es decir, la avería se había producido en algún reactor.
—Más bajo. Disuelve dos gotas de yodo en un vaso de agua. Lávate la cabeza.
En el ensayo de Alés Adamóvich está su conversación con Andréi Sájarov sobre la bomba atómica. «¿Sabe usted lo bien que huele después de una explosión nuclear? Huele a ozono», comentaba el académico, el «padre» de la bomba de hidrógeno. Unas palabras llenas de romanticismo. Para mí. Para mi generación.
Me encantaba la ciencia ficción, soñaba con volar a otros planetas, y creía que la energía nuclear nos lanzaría al cosmos.
Los físicos nucleares. La élite. Qué entusiasmo ante el futuro. Los humanitarios al desván.
Yo leía. Mi imaginación volaba.
Se había hecho la película sobre los científicos atómicos soviéticos, Nueve días de un año, y la había visto todo el país.
Los altos sueldos, el secretismo, todo eso le añadía romanticismo. ¡El culto a la física! ¡La era de la física!
Ahora ya miran ustedes al mundo de otra manera. Hace poco me he encontrado con esta reflexión de mi filósofo preferido, Konstantín Leóntiev[54]: las consecuencias de la depravación físico-química algún día obligarán a una inteligencia cósmica a intervenir en nuestros asuntos terrestres. En cambio, nosotros, que hemos sido educados en la época de Stalin, no podíamos tolerar la idea de la existencia de unos poderes sobrenaturales. De mundos paralelos. La Biblia la leí más tarde.
¿Por qué despierta hoy tanto interés la otra realidad? Los nuevos conocimientos. El hombre se desprende de la Tierra. Opera con otras categorías de tiempo, se remite no solo a la Tierra, sino a otros mundos. El Apocalipsis. El invierno nuclear.
En el arte occidental, todo esto ya se ha escrito. Lo han pintado. Lo han filmado. Los occidentales se preparaban para el futuro.
Pero las bombas atómicas no desaparecerán ni siquiera cuando se destruya la última ojiva nuclear. Quedarán los conocimientos.
La historia del átomo no es solo un secreto militar, un enigma o una maldición. Es nuestra juventud, nuestro tiempo. Nuestra religión. Pero ¿y ahora?
Otro ejemplo, quiero escribir sobre cómo unos cuantos físicos podrían cambiar el mundo entero. Sobre la nueva dictadura. La dictadura de la física y de las matemáticas.
Del olor del bosque me daba vueltas la cabeza. Percibía el olor con más fuerza que los colores. Los vaporosos abedules. Los pesados abetos. ¿Y todo esto lo dejaré de ver? ¡Siquiera un segundo, un minuto más, vivir algo más!
MONÓLOGO ACERCA DE LO QUE ESTÁ MÁS ALLÁ DE KOLIMÁ, DE AUSCHWITZ Y DEL HOLOCAUSTO
LIUDMILA DMÍTRIEVNA POLÉNSKAYA, maestra rural; habla de la indefención e impotencia, de que no hay información o recursos para esta eventualidad, y de que debe establecerse una nueva cultura para los sucesos actuales.
Cuando la realidad es que nos encontrábamos indefensos. Esta era la sensación principal aquellos días.
Comprendí que Chernóbil se hallaba más allá de Kolimá, de Auschwitz. Y del Holocausto.
unos salían corriendo a la farmacia y se llevaban el yodo;
«¡No sois capaces de proteger a vuestros propios hijos! ¿Que nadie os amenaza? Entonces ¿por qué tenéis miedo?».
No solo nos engañaban las autoridades, tampoco nosotros queríamos saber la verdad. En algún lugar… En lo más hondo de nuestro subconsciente…
Aquella mujer se marchó al día siguiente. Nosotros, en cambio, vestimos de gala a nuestros hijos y los llevamos a la manifestación del Primero de Mayo.
No solo se ha «contaminado» nuestra tierra, sino también nuestra conciencia.
https://dle.rae.es/gulag m. En la antigua Unión Soviética, campo de concentración. m. En la antigua Unión Soviética, conjunto de centros penitenciarios.
¿Dónde enterarnos de todo esto? ¿Qué leer? No hay libros. Películas. Ni siquiera cuentos. Mitos.
Yo enseñaba con el amor y quería vencer con el amor.
Siempre hablo y escribo en un tono algo elevado, con una emoción hoy algo pasada de moda.
¿Por qué nos vemos impotentes? Yo me siento impotente. Había una cultura antes de Chernóbil, pero no existe una cultura después de Chernóbil. Vivimos inmersos en las ideas de la guerra, del hundimiento del socialismo y de un futuro indefinido. Nos faltan nuevas ideas, nuevos objetivos y pensamientos.
Necesitamos más que nunca nuevos libros, porque a nuestro alrededor nace una vida nueva. Pero nosotros somos en esta vida una gente extraña.
El televisor no va a educar a los niños, quienes deben educar a los niños son los maestros.
MONÓLOGO ACERCA DE LA LIBERTAD Y DEL DESEO DE UNA MUERTE CORRIENTE
ALEXANDR KUDRIAGUIN, liquidador; un militar reservista especializado en combustible para cohetes con jocosidad cuenta las labores y actividades realizadas desde el momento de la convocatoria.
Los he escuchado, y hasta hoy sienten añoranza. Recuerdan aquella libertad, aquella sensación de volar.
Puedes morir mil veces, salir volando en mil pedazos, pero si te empeñas y engañas al diablo, al demonio, a tus jefes, a aquel que lleva un casco ajeno, una bayoneta ajena, si engatusas al mismísimo Altísimo, ¡puedes salir con vida!
Mi profesión militar es especialista en combustible para cohetes. Una especialidad secreta.
Los compañeros me gustaron. Que nos llaman, pues en marcha; que hace falta hacer tal cosa, pues manos a la obra. Nos mandan al reactor, pues nos subimos al techo del reactor.
Las armas cargadas. Barreras. Carteles: «El arcén está contaminado. Se prohíbe terminantemente entrar y detenerse». Árboles de un blanco grisáceo, rociados de líquido de desactivación. Un líquido blanco. Como la nieve. ¡Y no te das cuenta que se te nubla la sesera!
Creíamos en nuestra suerte; en el fondo de nuestra alma todos somos fatalistas, y no boticarios. No racionalistas. La mentalidad eslava. ¡Yo confiaba en mi buena estrella! ¡Ja, ja, ja! Y hoy soy un inválido de segundo grado. Enfermé enseguida. Los malditos «rayos». Ya se sabe. Hasta entonces no tenía ni siquiera una ficha en la clínica. ¡Que los parta un rayo! Y no era yo solo. La mentalidad.
bremas, samogón
¿Entonces, en qué quedamos, era o no una ayuda el vodka? Aunque fuera psicológica. Allí creíamos a ciegas en aquella receta. Ya se sabe.
A aquella gente le importaban un rábano los asuntos de la corte, los líos del poder.
«¡Los voluntarios, un paso adelante!». Y toda la unidad daba un paso adelante.
Unos cargaban las parihuelas. Otros arrojaban la carga.
https://dle.rae.es/órdago m. En el juego del mus, envite en el que se apuesta un juego en su totalidad. U. t. en sent. fig. Lanzó un órdago amenazando con dimitir. de órdago loc. adj. coloq. extraordinario (‖ fuera de lo común). Borrachera, calor de órdago.
Leíamos aquello y nos reíamos, no sin dedicarles algunas maldiciones.
Vivía bajo tierra.
Subió una sola vez. Y se ganó el segundo grado de invalidez.
Estuve presente ante algo… algo fantástico. Me faltan las palabras. Y todas estas expresiones de «gigantesco», «fantástico» no trasmiten lo suficiente aquello. Sentías algo…
Una sensación que no he experimentado ni siquiera en el amor.
MONÓLOGO ACERCA DEL NIÑO DEFORME AL QUE DE TODOS MODOS VAN A QUERER
NADEZHDA AFANÁSIEVNA BURAKOVA, habitante del poblado urbano Jóiniki; menciona la actitud de los jóvenes en cuanto a la maternidad y riesgo de mutaciones genéticas, la salud y longevidad, invita a la autora a comer.
Pero el niño tiene una boca que le llega a las orejas; aunque no tiene orejas.
Pero ustedes no saben nada de nosotros. Nos tienen miedo.
Me venían unas ideas locas por entonces. ¿Adónde huir? Puede que lo mejor sea acabar con una misma, pensaba, para así dejar de sufrir.
«Erizo de Chernóbil. Luciérnaga. Das luz por la noche», le decían. Al llegar la noche, la querían sacar a la calle para comprobar si daba o no luz.
Esto les infundió una gran energía vital o, dicho en los términos de ahora, una poderosa carga de supervivencia.
La gente sonríe menos, no canta como antes lo hacía en las fiestas.
Todos sufren depresiones.
Las hemos visto de todos los colores.
¿Cómo poder apuntar lo que dice mi alma? Si ni yo misma sé siempre leerla.
MONÓLOGO ACERCA DE QUE A LA VIDA COTIDIANA HAY QUE AÑADIRLE ALGO PARA ENTENDERLA
VÍKTOR LATÚN, fotógrafo; un trabajador y estudiante convertido ahora en fotógrafo cuenta las vivencias, labores y experiencias en Chernóbil, cuenta cómo bebían y se emborrachaban con lo que pudieran encontrar, y cómo ha fotografiado en blanco y negro los paisajes que encontró en su recorrido.
no se trataba de vivencias breves, sino de toda una historia del alma.
https://dle.rae.es/chova f. Ave de la familia de los córvidos, de plumaje negro lustroso y patas rojas, de la que existen varias especies. f. corneja (‖ ave semejante al cuervo). Sin.: corneja, buharro.
Te pasabas el día dándole a la pala, de manera que a la noche solo te brillaban los dientes. El hombre de cemento. Gris. Tú mismo y la ropa de trabajo, todo.
A nuestras preguntas, el superior no podía contestarnos nada: en la escuela militar no le habían enseñado nada de eso. Mil, micro… Como si fuera chino.
Seremos soldados, pero no reclusos.
Ya ve, nuestra gente es incapaz de pensar solo en ellos, en su propia vida; es incapaz de sentirse a sí misma como un sistema así, cerrado.
Pero no bebíamos para emborracharnos, sino para hablar.
Pero luego, después de una o dos botellas… Se hablaba solo del destino del país y sobre el orden del universo. Se discutía sobre Gorbachov y Ligachov[57]. Sobre Stalin. Si éramos o no una gran potencia, si adelantaríamos o no a los estadounidenses. Era el año 86. Sobre qué aviones eran los mejores, qué naves espaciales las más seguras. Bueno, Chernóbil ha volado por los aires, pero los nuestros han sido los primeros en viajar al cosmos. ¿Comprende?
Pero sobre por qué razón no teníamos dosímetros o por qué no nos daban ningún tipo de pastillas preventivas… Por qué no había lavadoras para lavar los trajes cada día y no dos veces al mes… Todo esto se planteaba en último lugar. De pasada. Así estábamos hechos, ¿comprende? ¡Maldita sea!
El vodka se cotizaba más que el oro. Imposible comprarlo. Nos bebimos todo lo bebible de las aldeas cercanas: el vodka, el samogón, las lociones, llegamos hasta las lacas y los aerosoles.
Conversaciones filosóficas. Sobre que habíamos caído prisioneros del materialismo y que este nos reducía al mundo de los objetos. Que Chernóbil era una puerta abierta al infinito. Me acuerdo cómo discutíamos sobre el destino de la cultura rusa, sobre su inclinación a lo trágico. Sin la sombra de la muerte no se podía entender nada. Solo sobre la base de la cultura rusa se podría entender la catástrofe. Solo nuestra cultura estaba preparada para entenderla. Vivía con este presentimiento. Temíamos la bomba del hongo nuclear y mira lo que había pasado. Hiroshima era algo pavoroso, pero comprensible. En cambio esto. Se sabe cómo se quema una casa, por culpa de una cerilla o por un proyectil. En cambio, esto no se parecía a nada. Nos llegaban voces de que era un fuego extraterrestre, que hasta no era fuego, sino una luz. Una reverberación. Como una aurora. De un azul brillante. Y que no era humo.
Los científicos, que antes ocupaban el trono de los dioses, ahora se habían convertido en ángeles caídos. ¡En demonios! Y la naturaleza humana seguía siendo, tal como lo había sido en el pasado, un misterio para ellos.
En cualquier pausa en la fábrica hallarás sin falta a un Aristóteles. O en la cervecería. Como nosotros, filosofando pegados al reactor.
Yo quería recordar todo eso. Y me puse a fotografiarlo. Esta es mi historia…
Somos metafísicos. No vivimos en la tierra sino en nuestras quimeras, en las conversaciones. En las palabras. Debemos añadirle algo más a la vida cotidiana para comprenderla. Incluso cuando nos encontramos junto a la muerte.
Esta es mi historia. Se la he contado. ¿Por qué me he hecho fotógrafo? Porque me faltaban palabras.
MONÓLOGO ACERCA DEL SOLDADO MUDO
LILIA MIJÁILOVNA KUZMENKOVA, profesora de la Escuela de Arte y Cultura de Moguiliov, directora de teatro; habla de la violencia en el cine y TV, y de la guerra, cuenta la película del soldado mudo, donde la guerra es el monstruo sin identidad y el milagro es la vida, habla del sentido de eternidad e inmortalidad en la vida que ha menguado, cuenta la estadía en los campos de concentración con la perspectiva bonita con que percibía las cosas, cuenta anécdotas después de regresar del campo de concentración.
Morirán mis fantasías.
¿Se acuerda de la película sobre la guerra Ve y mira[58]? No pude terminarla de ver, me desmayé. En ella mataban una vaca. Aparecía una pupila que ocupaba toda la pantalla.
¡El arte es amor, estoy absolutamente convencida de ello!
No quiero encender la televisión ni leer los periódicos de ahora. Matan y matan…
Si no, ya no da miedo. Nos hemos pasado de la raya.
No se habla de otra cosa que de la muerte. Los niños piensan en la muerte. Cuando es algo en lo que se piensa al final de la vida, no cuando esta comienza.
Nunca me acuerdo de un hecho por entero. Sino que los capto en algunos detalles o gestos.
Veo cómo por una calle abandonada de un pueblo se mueve una zorra que se ha vuelto loca. Se la ve calmada, buenecita. Como un niño. Se acerca cariñosa a los gatos asilvestrados, a las gallinas.
«Gosha es bueno. Gosha es bueno». Sobre un viejo manzano se balancea una jaula oxidada con la portezuela abierta. Un papagayo domesticado habla consigo mismo
Seguramente, si preguntásemos a la gente, veríamos que no disponemos de otra imagen del Apocalipsis: explosiones, incendios, cadáveres, pánico.
Es otro miedo. No se oye, no se ve, no huele, no tiene color; en cambio nosotros cambiamos física y psíquicamente. Se altera la fórmula de la sangre, varía el código genético, cambia el paisaje.
Solo he visto una buena película sobre la guerra. He olvidado el título. Es un filme sobre un soldado mudo.
Estas son como si dijéramos sus palabras: su risa.
Fin de la película. En ella no hay rusos, no hay alemanes. Solo aparece un monstruo: la guerra. Y un milagro: la vida.
Ha cambiado el mundo, que ahora ya no nos parece eterno, como lo ha sido hasta hace muy poco. De pronto la Tierra se ha vuelto pequeña. Nos hemos visto privados de la inmortalidad. Esto es lo que nos ha pasado. Hemos perdido el sentido de la eternidad.
Hoy disparan unos hombres sin inmortalidad. Un hombre mata a otro hombre.
Recuerdo que todo era bonito. Puede que esta fuera mi manera de ver las cosas.
Y no podíamos vivir en un tiempo ilimitado, como en el Antiguo Testamento: este ha engendrado al otro, el otro a un tercero… La cadena, los eslabones. No sabemos tampoco qué hacer con esta eternidad, no sabemos vivir con ella. Somos incapaces de entenderla.
Pero finalmente esta eternidad nos ha sido dada. Nuestra eternidad es Chernóbil. Esto es lo que nos ha salido.
Todo ha ardido y, en cambio, al bielorruso se le ocurre decir: «¿Y el montón de ratas que se te han frito?», y se echa a reír a mandíbula batiente. ¡Esto es un bielorruso! La risa a través del llanto.
Pero nuestros dioses no ríen. Nuestros dioses son mártires. Los griegos sí que tenían dioses que reían, unas divinidades alegres.
Es que nuestro pueblo, viene a decir, está programado para soportar cualquier desgracia. Una inacabable espera de la desgracia.
Aparte de los sufrimientos, no tenemos nada más. Ni tenemos otra historia, ni otra cultura que la del dolor.
[Se queda ensimismada.]
Por las calles cubiertas de hierba corren los gatos con las colas levantadas. No hay nadie. Los gatos hacen el amor. Todo florece. Somos seres de la tierra, no del cielo. Nuestro monocultivo es la patata; cavamos los huertos, la plantamos y miramos todo el tiempo al suelo. Al valle.
Así, a los noruegos les hizo falta Grieg; a los judíos, ShalomAlekhem, creadores de una especie de centros de cristalización alrededor de los cuales ellos podían unirse y reconocerse a sí mismos.
El arte es memoria. Es el recuerdo de aquello que fuimos.
Yo tengo miedo. Tengo miedo de una cosa, de que en nuestra vida el miedo ocupe el lugar del amor
MONÓLOGO ACERCA DE LAS ETERNAS Y MALDITAS PREGUNTAS: ¿QUÉ HACER? Y ¿QUIÉN TIENE LA CULPA?
VLADIMIR MATVÉYEVICH IVANOV exprimer secretario del Comité Regional del Partido de Slávgorod; habla de que el comunismo tiene la culpa, que construían y gestionaban baratamente sin valorar las vidas humanas, de las aspiraciones, la inspiración y los ideales luminosos del hombre, habla de que ellos siempre continuaron con el engranaje gubernamental, del «carácter soviético» y de «el hombre soviético» y cómo atendían peticiones en el despacho, de la forma en que continuaban la vida cotidiana y eran felices.
¿Se imagina usted nuestra gente sin una idea? ¿Sin un gran sueño? Esto también da pavor. Ya ve lo que está pasando ahora. Todo se derrumba. El vacío de poder. El capitalismo salvaje. Sin embargo… Stalin… El archipiélago gulag…
Hay que elevar las aspiraciones del hombre, llenarlo de inspiración. Hacen falta ideales. Entonces habrá un Estado poderoso. Las salchichas no pueden ser un ideal; una nevera llena no es un ideal. Ni un Mercedes es un ideal. ¡Hacen falta ideales luminosos! Entonces los teníamos.
Cuando en la Convención irrumpieron las masas exigiendo la ejecución de Robespierre, ¿acaso tenían razón? Someterse a la masas, convertirse en masa. No debíamos permitir que cundiera el pánico. Mi trabajo… Mi deber era… [Calla.]
¿Ha olvidado usted que antes de Chernóbil llamaban al átomo «el trabajador de la paz»?; nos sentíamos orgullosos de vivir en la era atómica. No recuerdo que se temiera al átomo. Entonces todavía no temíamos al futuro.
Allí no escuché ni una palabra sobre el cesio en la leche, ni sobre el estroncio. Pues bien, nosotros llevábamos leche con cesio a las centrales lecheras. Entregábamos partidas de carne. A 40 curios segábamos la hierba. Cumplíamos los planes. Con toda responsabilidad. Yo los sacaba adelante. Porque aquí nadie suspendió los planes.
Durante aquellos primeros días, la población experimentaba no solo miedo, sino entusiasmo.
Yo soy una persona que no sabe lo que es el instinto de conservación. [Tras reflexionar un rato.] Pero sí tengo un desarrollado sentido del deber. Y gente así entonces había mucha, no era yo solo.
Escriban ustedes lo que escriban, había sin embargo algo llamado «carácter soviético». Y también «el hombre soviético». Sea lo que sea lo que escriban, por muy alegremente que lo nieguen. Llegará el día en que les apenará haber perdido todo esto. Lo recordarán.
Vivíamos en una sociedad feliz. Nos habían dicho que «éramos felices» y éramos felices. Yo era un hombre libre y ni siquiera se me ocurría pensar que alguien pudiera considerar que mi libertad no era tal. Ahora, en cambio, nos han borrado de la historia, como si no hubiéramos existido. Ahora estoy leyendo a Solzhenitsin…
MONÓLOGO DE UN DEFENSOR DEL PODER SOVIÉTICO
Hombre que No dio su apellido; despotrica diciendo que está a favor del comunismo, y en contra de lo demás.
Pues sí, lo defiendo. Yo defiendo el poder soviético. Es nuestro poder. ¡El poder del pueblo! En los tiempos soviéticos éramos fuertes, todos nos tenían miedo. ¡Todo el mundo nos miraba! Unos temblaban de miedo, otros nos tenían envidia.
MONÓLOGO ACERCA DE CÓMO DOS ÁNGELES SE ENCONTRARON CON LA PEQUEÑA OLIA
IRINA KISELIOVA, periodista; dice que tiene mucho material y que puede hacer todo tipo de actividades, pero escribir ya no, visita zonas y polígonos radiactivos, persuadían a la gente para que no se marchara porque eran mano de obra, anécdotas de lugares, trabajadores, personas, circulan chistes, los documentos y testimonios destruídos y perdidos para la ciencia y la historia.
Existen unos procedimientos técnicos especiales, señales especiales, refugios antiaéreos. Nos avisarán, pensaba.
¡Que callaría como un pez! ¡Como una piedra!
Como si en mí hubiera dos personas: una anterior y otra posterior a Chernóbil. Pero ahora resulta difícil restablecer este «antes» con toda fidelidad. Mi manera de ver las cosas ha cambiado.
Y silencio. De acuerdo, las casas se han quedado vacías, la gente no está, se ha marchado, pero todo alrededor estaba callado, ni un solo pájaro. Fue la primera vez que vi la tierra sin pájaros. Sin mosquitos. No volaba nada.
Los polígonos atómicos. ¡Cientos de veces superiores! El dosímetro zumbaba; la aguja se salía de la escala. Y en las oficinas de los koljoses veías colgados unos anuncios firmados por los radiólogos del distrito en los que se aseguraba que las cebollas, las lechugas, los tomates y los pepinos se podían comer. Todo crecía y todos comían.
En una palabra, todo les importaba un pepino. Era de la película El brazo de brillantes.
«No se esfuercen. Nuestros niños no sonríen. Y en sueños lloran»
He guardado muchas instrucciones. Ultrasecretas. Se las daré todas. Escriba un libro honesto.
Si tiene tantos otros curios: emplearla para harina de carne o para piensos de animales.
De este modo se cumplían los planes de producción de carne.
Los conductores que trasladaban a estos terneros contaban que aquel ganado daba risa: el pelaje les llegaba al suelo y que tenían tanta hambre que se lo comían todo, los trapos, el papel. ¡Era fácil alimentarlos! Los vendían a los koljoses; pero, si alguien quería, se los podía quedar. Llevarse los animales a su establo. ¡Eso es un crimen! ¡Un crimen!
Detalles cómicos mezclados con lo trágico.
Y allí estaba, bajo una viga, la radiación esa. ¡Con una cara de mala y los ojos encendidos! ¡Negra, negra!
Empezaron a circular los chistes. Chistes sobre Chernóbil. El más corto: «Qué buen pueblo fue, el de los bielorrusos».
«Mi hija, con el yerno, ha plantado un guindo; la segunda hija, un serbal negro; el hijo mayor, un sauquillo, y el más pequeño, un sauce. Y yo con mi hombre, un manzano» «Mira cuántos fresones; toda la huerta. Llévate unos pocos»
Ni siquiera al otro mundo, como quien dice, te dejan irte. [De pronto se echa a reír. La primera vez en nuestra larga conversación.]
Cuántos documentos destruidos. Cuántos testimonios. Perdidos para la ciencia. Para la historia.
Bailaba una «polquita».
MONÓLOGO ACERCA DEL PODER ILIMITADO DE UNOS HOMBRES SOBRE OTROS
VASILI BORÍSOVICH NESTERENKO, exdirector del Instituto de Energía Nuclear de la Academia de Ciencias de Belarús; él estando en Moscú la fecha del accidente, se comunica con Minsk, da indicaciones y recomendaciones técnicas específicas, de los tabúes, prejuicios y supersticiones de la época, visitas hechas a aldeas/pueblos, se entrevista con Sliunkov, de satisfacer los deseos de los superiores, las autoridades sí tomaban y equipaban las medidas necesarias, toneladas contaminadas se transformaron en pienso y otros alimentos, se oculta/tapa la verdad, de la responsabilidad técnica con que había que contar para construir la central nuclear.
Aquel Estado dentro del Estado.
Hace falta realizar inmediatamente una operación de profilaxis de yodo para la población y evacuar a todo el mundo que se encuentre cerca de la central. Hay que sacar a toda la población y a los animales en cien kilómetros a la redonda.
Se necesitaba yoduro de sodio. Yodo corriente. Para medio vaso de gelatina, de dos a tres gotas para los niños, y para un adulto, de tres a cuatro gotas. El reactor estuvo ardiendo diez días, diez días durante los cuales ya se debía haber hecho esto.
La ciencia estaba al servicio de la política; la medicina, atrapada por la política.
Mil tabúes, secretos políticos y militares. Instrucciones. Y por añadidura, todos estábamos educados en la idea de que el átomo soviético para la paz era tan poco peligroso como la turba o el carbón. Éramos unas personas prisioneras del miedo y de los prejuicios. En manos de la superstición. Pero los hechos, solo los hechos.
Se preparaban para la Pascua. Pintaban los huevos, cocían panes de Pascua.
No conviene olvidar la guerra fría. Estamos rodeados de enemigos.
Sobre nuestra tierra ya se habían precipitado miles de toneladas de cesio, yodo, plomo, circonio, cadmio, berilio, boro, una cantidad incalculable de plutonio (en los reactores RBMK de uranio y grafito, en la versión de Chernóbil, se extraía plutonio estratégico, con el que se fabricaban las bombas atómicas). En total, 450 tipos de radionúclidos. El equivalente a 350 bombas como las que se lanzaron sobre Hiroshima. Se debía hablar de física. Y, en cambio, se hablaba de enemigos. Se buscaba al enemigo.
No, no eran una pandilla de criminales. Más bien nos encontramos ante una combinación letal de ignorancia y corporativismo. La piedra angular de su vida, sus hábitos adquiridos en el aparato eran: no te destaques. Di sí a todo.
Un país estalinista. Seguíamos siendo un país estalinista.
En las instrucciones para situaciones de guerra nuclear se dice que, en caso de amenaza de un accidente nuclear o de un ataque nuclear, es necesario aplicar de forma inmediata una profilaxis a base de yodo a toda la población. ¡En caso de amenaza! ¿Y qué es lo que teníamos aquí? 3000 microrroentgen por hora. Pero lo que les preocupaba no era la gente, sino su poder. En un país donde lo importante no son los hombres sino el poder, la prioridad del Estado está fuera de toda duda. Y el valor de la vida humana se reduce a cero.
En la ciudad se hallaban listos 700 kilos de preparado. Y allí se quedaron, en los almacenes. En las reservas secretas.
Tenían más miedo de la ira que les podía llegar desde arriba que del átomo. Todo el mundo esperaba una llamada de teléfono, una orden. Pero no hacía nada por su cuenta. Se temía la responsabilidad personal.
Hechos, solo hechos.
Pero esto ya es historia. La historia de un crimen.
—El pueblo bielorruso algún día recordará tu labor, has hecho mucho por él; pero has hecho mal en escribir a Moscú. ¡Muy mal! Me exigen que te retire de tu cargo. ¿Para qué lo has hecho? ¿O es que no entiendes a quién te enfrentas?
Consiguieron lo que querían. Me dio un infarto. [Calla.]
Por encima de los 3000… Esas niñas… Ya no darán a luz a ningún niño. Tienen los genes marcados.
¡Qué poder! ¡Un poder ilimitado de unos hombres sobre otros! Esto ya no es un engaño, sino una guerra contra personas inocentes.
Seguimos siendo un país estalinista. Y viven en él hombres estalinistas.
Se construyó a la soviética. Los japoneses levantan instalaciones como estas en doce años, aquí lo hicimos en dos, tres años.
Entre los directivos no había ni un físico nuclear. Había ingenieros de energía, de turbinas, comisarios políticos, pero ni un especialista. Ni un físico.
El hombre ha inventado una técnica para la que aún no está preparado.
Pero esto son emociones y yo me prohíbo dejarme llevar por las emociones.
Chernóbil no ha terminado, tan solo acaba de empezar.
MONÓLOGO ACERCA DE LAS VÍCTIMAS Y LOS SACERDOTES
NATALIA ARSÉNIEVNA ROSLOVA, presidenta del Comité de Mujeres de Moguiliov «Niños de Chernóbil»; relata los primeros días/infancia de Chernóbil y su contexto soviético, de la intelectualidad local y su forma de protesta, que el punto de ruptura fue su falta de libertad, comparación entre comportamiento soviético y otros pueblos (Alemania), de Chernóbil como el sentido de su sufrimiento, anécdotas de viajes realizados.
Los curios, los rems, los roentgen, esto no significa asimilar la realidad. No es filosofía. No es una visión del mundo.
No les entraba en la cabeza que estábamos en otra época. Hacía falta que se produjera una ruptura psicológica. Ahora se ha producido.
El pueblo soviético debe portarse dignamente ante el enemigo.
Le hablo de la intelectualidad local; teníamos nuestro grupo. Vivíamos nuestra vida, alejados de todo lo que nos rodeaba. Era nuestra forma de protesta.
Leíamos el samizdat, que por fin llegó hasta nosotros, a nuestras perdidas tierras. Leíamos a Solzhenitsin, a Shalámov… A Venia Yeroféyev. Íbamos de una casa a otra de visita, con nuestras interminables conversaciones en la cocina.
Yo, por ejemplo, sería Catherine Deneuve. Me pondría algún estúpido trapo, me recogería de forma extraña el pelo… Era un ansia de libertad.
Y que no sería durante nuestra vida, eso era fijo. Bueno, si ha de ser así, me importa un pimiento lo que pase por allá, nosotros viviremos aquí. En nuestro mundo ilusorio.
Yo no era miembro del Partido, es cierto, pero, de todos modos, era una persona soviética. Apareció el miedo: «¿Qué pasa con los rábanos este año que tienen las hojas como las remolachas?».
Había cundido la alarma y querías, cómo no, cobijarte en el rebaño. Notar la presencia del otro. Para estar junto a todos los demás.
Porque este punto se encontraba en el principio de todo. Y era nuestra falta de libertad. El colmo del librepensamiento era: ¿Se pueden comer los rábanos o no? Una carencia que estaba dentro de nosotros.
Allí vi cómo se comporta otra gente, otro pueblo. Venido de otro mundo.
Aunque esto era también una variante más de la barbarie: esa falta de miedo por tu propia vida.
Es curioso observarse hoy a uno mismo. Descubrir uno sus propios sentimientos. ¿Cómo se han desarrollado? ¿Han ido cambiando? Analizar todo esto.
No, no soy comunista, pero, de todos modos, soy una persona soviética.
Un mundo después de la era de la tecnología. El tiempo ha empezado a retroceder.
El gran imperio se ha hecho pedazos. Se ha desmoronado. Primero Afganistán, luego Chernóbil. El imperio se ha derrumbado y nos hemos quedado solos.
Representa un sentido para nuestra vida que hemos reencontrado. El sentido de nuestro sufrimiento.
Somos a la vez sus víctimas y sus sacerdotes. Da pánico decirlo.
Les preocupa saber si recibirán todo lo que les corresponde y si otros no recibirán más que ellos. Nuestro pueblo siempre tiene la sensación de que lo están engañando.
Por un lado, el nihilismo, la negación, y por otro, el fatalismo.
Han hallado el sentido y la justificación de cuanto ocurre en el propio sufrimiento, lo restante parece no tener importancia.
Como antes, que nos metían en la cabeza eso de «si no hubiera habido guerra», entonces también surgió la posibilidad de achacarlo todo a Chernóbil. «De no haber sucedido Chernóbil». Y otra vez con los ojos de carnero a medio degollar
Es posible construir una casa mejor, más confortable, pero es imposible reconstruir en un nuevo lugar este enorme mundo al que estaban unidos. ¡Con el cordón umbilical! Ha sido un golpe colosal contra la psique humana. Una ruptura con las tradiciones, con toda la cultura secular.
Han convertido a esa gente en etíopes. La gente está sentada en el suelo y espera, aguarda que llegue el avión, el autobús y les traigan la ayuda humanitaria. Pero en ningún caso surge la reacción de alegrarse ante la nueva posibilidad:
La gente va a la iglesia. ¿Sabe lo que le piden a Dios? Pues lo mismo, un milagro… No, no que les dé salud o fuerzas para conseguir algo por ellos mismos. No. Piden o al extranjero o al cielo.
«¡No nos hace falta nada! ¡Igualmente se lo robarán todo!», veo en sus ojos también estas palabras. Pero al lado mismo, junto a este sentimiento…, el deseo de llevarse una caja, un cajón, algo extranjero.
Y todo esto convive hombro con hombro con una filosofía profunda, porque estos hombres tienen su propia relación con la muerte, con el tiempo.
El sol se está poniendo, tocando el horizonte. Ilumina los bosques, los campos. Y nos dice adiós.
CORO DE NIÑOS
Varios niños cuentan diversas anécdotas/memorias/recuerdos/historias/momentos de su experiencia con la tragedia/situación de Chernóbil.
«¡Mamita, no puedo más! ¡Es mejor que me mates!»
Yo tenía diez años y las niñas como yo ayudábamos a calmar a los pequeños.
Nos asustamos tanto que después, durante largo tiempo, nos pasábamos los días esperando cuándo nos empezaríamos a morir.
Papá y mamá se estuvieron besando y nací yo. Antes pensaba que nunca me moriría. Ahora, en cambio, sé que me voy a morir.
No tengo miedo a morirme. Te pondrás a dormir mucho, mucho tiempo y nunca te despertarás.
Tenía miedo de bañarme, de meterme en el agua… Miedo de todo.
Y las puestas de sol no serían rojas, sino verdes.
Entonces corrimos al río, a ver a los pescadores. ¿Los gobios siguen teniendo cabeza y cola? ¿Y los lucios? Comprobamos los comederos de los pájaros. ¿Habían llegado los estorninos? ¿Y tendrían polluelos?
¿De dónde vienen los niños? Porque yo estoy dispuesto a ir a buscar un hermanito.
Me entraron ganas de llorar, de gritar: «¡No queremos exposiciones como esta! ¡No nos traigan cuadros así! Ya sin ellos, toda la gente a tu alrededor habla de la muerte. De los mutantes. ¡No la quiero!».
Entonces ya no se trata de ciencia ficción ni de arte, sino de la vida. De mi vida. Si puedo elegir, prefiero colgar en mi casa un paisaje bonito, para que todo sea normal: los árboles, los pájaros… Cosas corrientes. Alegres. Quiero pensar en algo bonito.
Talaron un gran parque de muchos años. Los viejos tilos.
En otro tiempo escribía versos. Me había enamorado de una chica. Era en la quinta clase[65]. En la séptima descubrí que la muerte existe. Mi poeta preferido es García Lorca. Lo he leído todo de él: «La oscura raíz del grito». Por la noche, los versos suenan de otro modo. De un modo distinto.
Para mí el cielo está ahora vivo, cuando lo miro. Ellos están allí.
UNA SOLITARIA VOZ HUMANA
VALENTINA TIMOFÉYEVNA ANANASÉVICH, esposa de un liquidador; recuerda que había sido feliz, su esposo se estuvo muriendo por un año, el esposo partió el día de su cumpleaños (meses después del día del accidente), era montador escalador de profesión, alcanzan a ir de vacaciones al mar, cuenta cómo se conocen y se casan, ingresan al marido en la clínica, le operan los ganglios linfáticos del cuello/garganta, lo dan de alta para la casa, ella (la esposa) lo cuida mientras sufre el deterioro, recuerda los dos años de noviazgo, el resto de la convalecencia por ese cáncer “exterior”, la alternativa no tomada del hospital especial en Grebionka, cuenta cosas de los últimos días pasados y muerte, al final menciona al hijo enfermo que le quedó.
Me iba a una iglesia, allí reina un silencio como el que a veces descubres en las montañas.
¿Cómo puedo irme tras él? Encontrarme con él. Cierro los ojos y pienso en él, hasta que me duermo. En sueños, él me visita, pero por instantes, rápidamente. Y enseguida desaparece. Oigo incluso sus pasos. ¿Dónde desaparece? ¿Dónde está?
Miraba y miraba por la ventana. Al cielo.
Otra vez resulta tan duro, tan insoportable; quiero decirme a mí misma, convencerme de que no recuerdo nada.
Allí andaba sin gorro. A los demás compañeros al cabo de un año se les cayó todo el pelo, a él, en cambio, al revés, le creció una cabellera aún más espesa.
De unos dos metros de estatura, con 90 kilos de peso, ¿quién podía matar a un hombre así? Durante mucho tiempo no sentimos miedo. [Depronto sonríe.]
Sin él me sentía sola, me dolía físicamente su ausencia. Cuando nos separábamos, durante un tiempo yo perdía el sentido de la orientación:
Regresó ya con los ganglios linfáticos del cuello inflamados. Lo descubrí con los labios, eran unos bultos pequeños.
Lo recuerdo: había tanto mar como cielo, estaba por todas partes.
Yo he nacido para el amor. Para un amor feliz.
otras, en viajar a unas obras del komsomol.
Amar apasionadamente a alguien, como Natasha Rostova.
nos permitían pensar solo en las construcciones del komsomol.
La gente ansiaba ir a Siberia, a la espesura infranqueable de la taiga. Se cantaba, recuerde: «Tras la niebla y el olor de la taiga».
https://dle.rae.es/taiga f. Geogr. Selva propia del norte de Rusia y Siberia, de subsuelo helado, formada en su mayor parte de coníferas y limitada al sur por la estepa y al norte por la tundra.
No pude entrar el primer año en la facultad, no conseguí los puntos suficientes, y me fui a trabajar a una central telefónica.
Trabajo en una biblioteca, leo muchos libros, me encuentro con las personas más diversas. Y me entran ganas de hablar sobre la muerte. De comprender. Busco un consuelo.
Voy al teatro, si la obra trata de esto, sobre la muerte. Me duele físicamente su ausencia, no puedo estar sola.
Y entretanto los ganglios linfáticos ya tenían el tamaño de un huevo de gallina. Le metí a la fuerza en un coche y lo llevé a la clínica. Lo mandaron al oncólogo.
A la semana le operaron: le extirparon por completo la glándula tiroides, la laringe y se lo cambiaron todo por unos tubos. Sí. [Guarda silencio.]
Hacíamos lo posible por no hablar de Chernóbil. No recordarlo. Tema prohibido.
Aún nos quedaba un año. Todo aquel año se estuvo muriendo.
Ahora aquí todo es diferente: nacemos de otro modo y morimos de otra manera. Diferente a todos los demás.
Le extirparon los ganglios, y como ya no los tenía, se trastocó toda la circulación; hasta la nariz se le movió, creció al triple de su tamaño; los ojos parecían otros, se le desplazaron a los lados, apareció en ellos un brillo desconocido y una expresión como si no fuera él, sino otro el que mirara desde allí. Luego un ojo se le cerró por completo.
Lo único que quería yo es que no se viera a sí mismo. Que no se acordara de cómo era.
«¡¡¡Dame un espejo!!!».
Y él, cuando se vio, se agarró de la cabeza y, fuera de sí, empezó a doblarse una y otra vez sobre la cama.
Y no le mentía, porque me habría ido con él adonde fuera con tal de que siguiera con vida; el resto no importaba. Solo era él y nada más. No le mentía.
Allí, bajo el reloj, nos citábamos. Yo vivía junto a la fábrica textil y tomaba el trolebús número cinco
Durante aquellos dos años no me daba cuenta de nada, ni del invierno, ni del verano.
No íbamos a bailar, no íbamos a la glorieta de baile, él no sabía bailar. Nos besábamos, solo nos besábamos. Él me llamaba «mi pequeña».
¡Soy hermosa, soy joven y él me ama!
¿Es posible hablar de eso, decirlo con palabras? Hay secretos. Hasta hoy no comprendo qué era aquello.
¡Un amor tan grande! Solo a mi madre no le decía nada. No me hubiera comprendido. Me hubiera criticado. Maldecido.
Los médicos me explicaron que si las metástasis hubieran atacado el interior del organismo, habría muerto rápidamente, pero se extendieron por fuera. Por el cuerpo. Por la cara. Le empezó a crecer algo negro.
¡Aunque sea una inyección! Algún narcótico. Se lo pondré yo misma. He aprendido a poner inyecciones, pero la inyección se queda en un morado y no se deshace.
¿Y yo sí que puedo? Yo lo puedo todo. ¿Qué más me puedo inventar?
Entonces encontré una salida: le echaba a través de la inyección una botella de vodka. Así dejaría de sufrir. Perdería el mundo de vista. No se me ocurrió a mí, me lo dijeron otras mujeres. Con la misma desgracia.
Aunque a mí ni se me pasó por la cabeza que no debía dejarlo ir, como a él seguramente tampoco que podía no haber ido.
Lo único que quería era verlo. No podía dejar de mirarlo, como si presintiera que todo esto pronto se iba a acabar.
Yo solo lo quería a él. A él solo. Y no puedo vivir sin él. Grito por las noches. Grito a la almohada, para que no me oigan los niños.
Me intentaban convencer de que así sería mejor, que los médicos estarían siempre a su lado.
Andaban por ahí unas viejecitas todas de negro. Religiosas.
Lo más horrible fueron las últimas semanas. Hacíamos pipí durante media hora en un bote de medio litro. No levantaba la vista. Le daba vergüenza.
El último día, de pronto, en un instante, ocurrió que abrió los ojos, se sentó, sonrió y dijo: «¡Valia!». Me quedé muda de felicidad. De oír su voz.
Murió solo. Los hombres mueren solos.
Los muchachos quisieron decirle algunas palabras agradables, pero él se cubrió con la manta, solo asomaba el pelo. Se estuvieron un rato junto a él y luego se fueron. Él ya tenía miedo de la gente. Solo a mí no me tenía miedo. Pero el hombre muere solo. Yo lo llamaba, pero él ya no abría los ojos. Solo respiraba.
Ya había muerto, pero seguía caliente, caliente. No se lo podía tocar.
Paré los relojes de la casa.
Es inexplicable cómo me pude dormir.
«Cuando me muera, quema mis restos. Quiero que no me tengas miedo».
Los muertos temen a los muertos, ya sin hablar de los vivos.
Una criminal es lo que era. Había niños en casa. Un hijo y una hija. Llevamos sus cosas fuera de la ciudad y las enterramos.
Hay secretos que… Las oraciones se rezan en silencio. En un susurro, para uno mismo.
Al principio tenía la impresión de que después de todo aquello me aparecería algo negro en la mirada, algo ajeno. Que no lo soportaría. ¿Qué me ha salvado? ¿Qué me ha arrojado de nuevo a la vida?
Este ha sido el veredicto de los médicos: para que siga con vida debe estar allí.
A MODO DE EPÍLOGO
De materiales extraídos de periódicos bielorrusos, 2005; información, anuncio y descripción de turismo a La Meca Nuclear.
Tendrán algo impresionante que contar a sus amigos cuando regresen a casa.
La gente viaja al lugar en busca de nuevas y poderosas impresiones.
La vida se vuelve aburrida. Y la gente quiere algo eterno.
Visiten La Meca nuclear. Y a unos precios moderados.
AUTORA
Ha cultivado su propio género literario, al que denomina «novelas de voces», donde el narrador es el hombre corriente —aquel que no tiene voz, el mismo que se ha llevado su propia historia a la tumba, desde la Revolución hasta Chernóbil y la caída del imperio soviético—. En sus libros, traducidos a más de veinte idiomas, Svetlana Alexievich trata de acercarse a la dimensión humana de los hechos a través de una yuxtaposición de testimonios individuales, un collage que acompaña al lector y a la propia Alexievich a un terrible «descenso al infierno».
CITAS
catarsis. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza. Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones. Purificación, liberación o transformación interior suscitadas por una experiencia vital profunda. Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo. #término
Pero, a diferencia de una tragedia griega, no hubo posibilidad de catarsis.
Acudieron allí sin los trajes de lona; se fueron para allá tal como iban, en camisa. Nadie les advirtió; era un aviso de un incendio normal.
Lo vi… Estaba hinchado, todo inflamado… Casi no tenía ojos…
Los médicos nos aseguraban, no sé por qué, que se habían envenenado con los gases, nadie hablaba de la radiación.
Nadie hablaba de la radiación… Solo los militares iban con caretas.
Los autobuses ya no funcionaban, y fuimos a pie, corriendo, a casa. Cuando volvimos con las bolsas, el avión ya se había marchado… Nos engañaron a propósito. Para que no gritáramos, ni lloráramos…
¿Cómo iba a decirle la verdad? Estaba claro que tenía que esconderle mi embarazo. ¡No me lo dejaría ver! Menos mal que soy delgadita y no se me nota nada.
No sé cómo, pero nos lo tomamos a broma.
—Algunas enfermedades no se curan. Debes sentarte a su lado y acariciarle la mano.
—Ya no tiene que cocinar. Sus estómagos han dejado de asimilar alimentos.
Él empezó a cambiar. Cada día me encontraba con una persona diferente a la del día anterior. Las quemaduras le salían hacia fuera. Aparecían en la boca, en la lengua, en las mejillas… Primero eran pequeñas llagas, pero luego fueron creciendo. Las mucosas se le caían a capas…, como si fueran unas películas blancas… El color de la cara, y el del cuerpo…, azul…, rojo…, de un gris parduzco. Y, sin embargo, todo en él era tan mío, ¡tan querido! ¡Es imposible contar esto! ¡Es imposible escribirlo! ¡Ni siquiera soportarlo!…
Lo que te salvaba era el hecho de que todo sucedía de manera instantánea, de forma que no tenías ni que pensar, no tenías tiempo ni para llorar.
Aún no nos habíamos saciado el uno del otro… Vamos por la calle. Él me coge en brazos y se pone a dar vueltas. Y me besa, me besa. Y la gente que pasa, ríe…
Ya el primer día que pasé en el hotel, los dosimetristas me tomaron una medida. La ropa, la bolsa, el monedero, los zapatos, todo «ardía». Me lo quitaron todo. Hasta la ropa interior. Lo único que no tocaron fue el dinero.
Yo estaba dispuesta a hacer lo que fuera para que él no pensara en la muerte… ni sobre lo horrible de su enfermedad, ni que yo le tenía miedo…
forúnculo. Inflamación purulenta producida por la infección bacteriana de un folículo piloso. #término
¡Los hubiera echado a patadas a todos de allí! ¡Les hubiera gritado y les hubiera pegado!
Ya no me separé de él. Fui con él hasta la tumba.
Tenía el cuerpo entero deshecho. Todo él era una llaga sanguinolenta.
abeto. Árbol de la familia de las abietáceas de hasta 50 m de altura, copa cónica de ramas horizontales, hojas aciculares perennes y fruto en piñones casi cilíndricos. Es propio de parajes montañosos y su madera, no muy resistente, es apreciada para determinadas construcciones por su tamaño y blancura. Madera de cualquiera de las especies de abeto. #término
roentgen. De W. C. von Roentgen, 1845-1923, físico alemán descubridor de los rayos X. Unidad de exposición a la radiación X o γ del sistema cegesimal, equivalente a la que produce una ionización en el aire de 2,58 × 10−4 culombios por kilogramo. #término
¿Cómo es posible? ¿Cómo se puede matar con el amor? ¡Con un amor como este! ¿Por qué están tan juntos? El amor y la muerte. Tan juntos. ¿Quién me lo podrá explicar?
Me puse a arreglar la casa, a hacer lo que fuera para no parar quieta, lo que fuera para no pensar.
«Vasia, pariré un niño. Me da miedo estar sola. No lo aguantaré. ¡Vasia!».
Así es como vivo. Vivo a la vez en un mundo real y en otro irreal. Y no sé dónde estoy mejor.
Muchos se mueren. De repente. Sobre la marcha. Va uno por la calle y, de pronto, cae muerto. Se acuesta y ya no despierta. Le lleva unas flores a una enfermera y, de pronto, se le para el corazón.
Pero yo le he hablado del amor… De cómo he amado.
TÉRMINOS
catarsis, forúnculo.
REFERENCIAS
- https://es.wikipedia.org/wiki/Voces_de_Chern%C3%B3bil
- https://es.wikipedia.org/wiki/Svetlana_Aleksi%C3%A9vich
- https://en.wikipedia.org/wiki/Voices_from_Chernobyl
- https://en.wikipedia.org/wiki/Svetlana_Alexievich
- http://www.mediafire.com/download/fyklff3ogifny9i/Voces+de+Chernobil_+Cronica+del+-+Svetlana+Alexievich.pdf
- https://tintaguerrerensedotcom.files.wordpress.com/2015/10/voces-de-chernobil-svetlana-alexievich.pdf
- https://drive.google.com/file/d/0B-ieFTa_U3q-eHJuRHc4Z1pRTEk/view
- https://inmediaciones.org/wp-content/uploads/2023/04/Svetlana-Alexievich-Voces-de-Chernobil-pdf.pdf